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Entrevista con WITCH

hace 11 minutos
6 min de lectura

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Fotos: Holly Whitaker

Formada en Zambia en 1971, bajo el liderazgo Emanyeo “Jagari” Chanda, WITCH fue una de las bandas pioneras del llamado zamrock. Una fusión de rock psicodélico, garage y blues con ritmos y tradiciones africanas, nacida al calor de la independencia zambiana. Tras la publicación de ‘Introduction’ (1972) –primer álbum comercial en la historia del país– el proyecto alcanzaría lo más alto de la escena africana, continuando con una serie de LP 's hasta su desintegración pasados los años 80’.

Sería hasta 2011, gracias a una campaña de reediciones encabezada por el sello Now-Again, que una nueva generación revitalizó a Jagari y compañía. Tan sólo un año después, WITCH volvería a los escenarios con una renovada alineación, manteniendo a Patrick Mwondela y Jagari tras los teclados y el micrófono, respectivamente.

Después de compartir ‘Zango’ (2023), su primer álbum en casi cuarenta años, y ‘Sogolo’ (2025), su más reciente entrega. El proyecto se prepara para tocar por primera vez en México este 13 de septiembre al interior del Foro Indie Rocks! Razón por la cual nos sentamos a platicar con Mwondela y Chanda sobre las raíces del zamrock, la perspectiva artística desde otras geografías y lo que significa seguir haciendo música a más de cincuenta años de su formación.

Están prácticamente a nada de su show en Ciudad de México, ¿cómo se sienten al respecto?

PM: Estoy muy muy muy emocionado. Todos lo estamos.

EC: Creo que es una gran oportunidad para ambos, Zambia y México. Nosotros llevamos algo a su país y ustedes comparten esa experiencia con nosotros.

¡Genial! Me alegra escuchar eso. No sé si tengan alguna expectativa sobre el público mexicano, siendo su primera vez en el país.

PM: De alguna forma sí. Le decía a un locutor hace no mucho que nuestro show en México seguramente será uno de los highlights de esta gira. Todo apunta a que habrá una conexión realmente profunda con el público, en parte gracias a las similitudes entre nuestras raíces musicales. En Zambia, de donde vengo, tenemos a los  bailarines Makishi, cuyos ritmos y patrones percusivos me recuerdan mucho a cierta música tradicional mexicana. Me emociona estar ahí y experimentarlo por mí mismo.

EC: Pienso que, a donde fuera que llevaran a los esclavos, cada uno traía consigo los sonidos y cultura de donde provenían. Encontrar este tipo de similitudes no debería sorprendernos. Quienes fueron llevados desde África posteriormente viajaron a otros territorios, EE.UU., Jamaica, las islas cercanas, etc. Una vez que inundaron estos otros territorios, no hubo manera de mantenerlos culturalmente separados. De ahí la hibridación con los sonidos de ciertas provincias. Aún con estas raíces en común, su trasfondo geográfico y lingüístico mantiene cierta distancia con el panorama mexicano. ¿Creen que esto podría ser un obstáculo para conectar con la audiencia de acá?

EC: Bueno, la música es en sí misma un lenguaje universal. El arte no conoce barreras, pues alcanza esa parte de la sensibilidad humana que todos compartimos. Atraviesa las emociones, fantasías e historias que mueven a todo ser humano. Ya sea en México o en cualquier otra parte, si la música es buena, la gente sabrá apreciarla.

Hablando de esa conexión más allá del idioma, ¿de dónde vienen las influencias musicales y temáticas de WITCH?

EC: Nuestras influencias provienen de muchos lugares. Nos inspiramos de EE.UU., de Europa, de más de un país vecino. Creo que todos ellos terminaron por aportar algunos códigos a nuestra manera de hacer música, me refiero a progresiones como I-IV-V-I y sus variaciones. En ese sentido, y gracias a la repetición de letras y motivos, nuestra música es bastante simple. No porque nos falten cosas que decir, sino porque el énfasis de ciertas frases termina conectando con las personas. Nuestros temas tampoco se diferencian tanto, escribimos sobre el vaivén amoroso –que es el más sencillo de todos los temas para el artista. En cada lenguaje, país y continente, las personas crean ya sea enamorados o con el corazón roto. Todo dentro de la escala pentatónica, que es bastante común entre la música africana, en particular la de Zambia.

Parecería que, desde cierta perspectiva teórica, la única manera de hablar sobre la música es con el vocabulario de la teoría occidental. ¿Cómo transitan conceptualmente la música desde otros puntos del globo?

EC: Bueno, nosotros no clasificamos la música en términos como jazz o blues, lo hacemos según su propósito. Ya sea para celebrar un nacimiento, para dar los primeros pasos, para arrullar o para acompañar el llanto. Tenemos música para cuando los niños juegan, para las ceremonias de iniciación, para bodas y el trabajo. Música para la pesca, la caza y la guerra. Así, hasta que llega la muerte y, aún en ese caso, hay música que nos acompaña. La forma en la que convivimos con la música también es distinta, no hay espectadores como tal. La música típica rural de Zambia está pensada para que, quien la escuche, pueda unirse espontáneamente y empezar a bailar. Así que sí, hay similitudes y diferencias. En occidente, sus arreglos tienden a ser más complejos, sobre todo en géneros como la ópera o la música orquestal. Nuestros patrones rítmicos son mucho más simples, así cualquiera puede ser parte. Ya que mencionas esta mezcla constante de sonidos, ¿cómo definirían al zamrock y de qué manera ha cambiado el sonido de WITCH a lo largo de los años?

EC: El zamrock es una fusión de la música occidental: rock, pop, blues, jazz… Ya sea en la forma de los versos o los patrones rítmicos, tomamos cosas de aquí y de allá para añadirles algún aspecto de África. En este punto, y debido a la multiplicidad de referencias sonoras, es difícil establecer quién ha influenciado a quién. Al final todo se reduce a preguntarnos qué suena bien y buscar la respuesta entre armonías, melodías, ritmos e instrumentos.

PM: Históricamente, la música siempre evoluciona. Para WITCH eso se ha traducido en mantenernos en búsqueda permanente por nuevos talentos, nuevos sonidos, experimentación y mantenernos informados sobre qué está sonando a nuestro alrededor. Ese es el verdadero legado de la banda. En los 80, cuando me uní, el disco seguía siendo un fenómeno a nivel internacional. El proyecto fue capaz de adoptar cierta parte y resignificarla durante esos años. Ahora hemos vuelto a nuestras raíces, trayendo toda la historia que hay detrás, recuperando ciertas cosas que ya no forman parte de la música contemporánea. Y la gente realmente lo aprecia. En parte por todo el esfuerzo y sensibilidad que hacer música “a la antigua” requiere.

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En contraposición a esta última idea, la “vía moderna” de hacer arte parece involucrar procesos tecnológicos cada vez más automatizados. ¿Tienen alguna postura al respecto?

PM: Bueno, ahora tenemos cosas tan útiles como la inteligencia artificial. El reto es aprender a ver este y otros avances como herramientas, en lugar de delegarles todo lo creativo.

EC: Aún así, nada puede reemplazar el factor humano. Es agradable que dispositivos como la computadora faciliten tanto el trabajo, pero jamás podremos decirle a una máquina que cambie de compás acorde a lo que estemos experimentando; no pueden sentir. Diferentes elementos han ido y venido a lo largo de la historia, pero las sensaciones, las ideas y la emoción de ver a alguien tocando frente a ti, en lugar de un montón de robots, se mantienen.

PM: Estoy de acuerdo. Sin mencionar que, aún cuando les llamemos “inteligencias” artificiales, estos programas no han creado nada realmente. Lo único que hacen es tomar lo que hemos creado y disponer de ello utilitariamente. Siempre he dicho que las computadoras pueden hacernos creer que piensan, pero jamás tendrán una idea, jamás podrán reemplazar lo que significa ser humano.

EC: ¡Sí! Las máquinas son, a lo más, una réplica de nuestro genio. Por su cuenta, no podrían hacer nada.

Ha sido genial poder conversar con ustedes. Para cerrar este entrevista, ¿hay algo que les gustaría decir para nuestros lectores previo a su concierto en el Foro Indie Rocks?

EC: ¡Vengan a probar un poco de esta nueva cosa de África llamada zamrock! Escúchenla por ustedes mismos y permítanse recordar a las personas que los han acompañado, la comida que han disfrutado y el arte con el que han conectado. Compartamos el zamrock.

PM: ¡Sí! Lleguen con la mente tan abierta como sus corazones y formemos nuevas memorias juntos.


 
 
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