Entrevista con Pond
- Issi Vega

- hace 15 horas
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El proyecto australiano Pond regresa este 2026 con su undécimo álbum de estudio, ‘Terrestrials’: un material que explora la identidad australiana, la dicotomía de la humanidad y en donde realizan una crítica constante a las vivencias de su país. En un constante encuentro entre la belleza y la realidad, el disco radicaliza el rock en su versión más orgánica para dar espacio a un mensaje claro y directo, desde lo musical hasta sus letras.
Con esta compilación de diez canciones, recorremos el encuentro de lo cotidiano con la frustración de quien lo vive, dando espacio para reflexiones desde lo individual hasta lo colectivo. Atrae en sí una energía innata que amplifica los colores de la tierra australiana en sus imágenes; una fuerza que, además, no se limita, sino que se expande para ser un lenguaje universal como lo es la música. Para conocer más sobre la aproximación musical de la banda, la crítica, lo visual y el propósito de lo terrestre, Vibras conversó con Nick Allbrook, vocalista y guitarrista de Pond.
Felicitaciones por el nuevo álbum. Me gustaría saber cuál fue la perspectiva musical de este disco para Pond. Sé que comentaste antes que buscabas abrazar la crudeza de las canciones, en vez de llenarlas de adornos, sintetizadores y distorsiones. Pensando en esto, ¿hacia dónde buscaban acercarse con ‘Terrestrials’?
N: Queríamos que fuera más rápido, buscábamos que se manifestara una energía más allá de pisar un pedal de fuzz o caernos en platillos; se trataba de algo latente desde la presentación. También queríamos que reflejara la tierra de Australia, que se sintiera el color ardiente del acero, la tierra roja. Esta vez intentamos no depender de los delays ni del eco, o de construcciones épicas lentas; fue algo más crudo y seco. Hicimos mucho con ello; además, nos quisimos asegurar de que pudiéramos tocarlas en vivo, por lo que trabajamos varias canciones frente a la audiencia de un pub, mucho antes de siquiera grabarlas en el estudio. Esto es un poco de ingeniería inversa a lo que solemos hacer, en vez de armar grandes obras en la computadora para luego aprender a tocarlas en vivo. Es muy difícil cuando te das cuenta de que hiciste un disco que no puedes tocar, pero este álbum se hizo de la manera ortodoxa, apropiada, para poder presentar las canciones y grabarlas.
Justamente, cuando intentaba describir el álbum escribí “música cruda con intención”; sobre ello, como mencionas, hay un sentimiento de crudeza en los temas. ¿Cuáles fueron algunas inspiraciones para estas canciones? Un poco me hicieron pensar en bandas como The Cult, que funcionan con rock tradicional fusionado con música electrónica. ¿Qué me podrías contar sobre esa sensación cruenta?
N: Nos interesamos mucho en John McGeoch, un guitarrista escocés que formó parte de Magazine, Siouxsie and the Banshees y Public Image LTD.; es ese estilo de guitarra afilado, como un picahielo. Él utilizaba todo tipo de pedales flanger, de chorus, efectos de modulación, cosas de ese tipo; lo curioso es que era al final de los 70. Las bandas de goth británicas de los 80 comparten mucho ADN con el pub rock australiano, similar a Midnight Oil e ICEHOUSE, por decir algo; en ellos también está ese sonido casi abrasivo, como un bajo preciso y baterías limitadas. Todo eso estaba ahí, al mismo tiempo que un tipo rudo de cara australiana y gente usando camisas de franela con mullets. Probablemente hubieran estado devastados de saber que sonaban exactamente igual que unos tipos británicos, pálidos y delgados, con grandes peinados y pantalones de cuero.
Es genial, también me hicieron recordar a Midnight Oil. Para mí, este álbum tiene dos lados: el musical, que incluye estos espacios acústicos con grandes puentes, y el lírico, que aborda temas muy importantes. ¿Cómo se acercan a estos temas como referencias de Australia misma? ¿Por qué era importante abordarlos?
N: Bueno, cómo decirlo, es inevitable. Especialmente en el este de Australia, el sector minero y de recursos minerales es masivo, tanto que se convierte en una identidad; la gente relaciona el este de Australia y Perth con las minas. Por tanto, le pertenecemos a gente como Gina Rinehart y Twiggy Forrest, a compañías como Woodside, porque son dueños de todo: la política, los deportes, los festivales de arte, la educación, hasta las clases de natación de los niños. Todo regresa a estas personas avariciosas, por eso es difícil ignorarlas; es casi vivir bajo la mano de un rey. ¿Cómo dejas de pensar en estas personas cuando lo que hacen tiene un efecto masivo hasta en el aire que respiramos? Son cosas que pienso y escribo. Al mismo tiempo, mi intención es recordarle a la gente que esto está pasando y que debería molestarlos, tanto que pueda llegar hasta a ti, del otro lado del mundo. Todos sufrimos los mismos problemas y no es nuestra culpa, es de estas personas extremadamente ricas a las que la avaricia y el egoísmo han hecho así. Supongo que sentí que tenía la oportunidad no solo de escribir sobre lo que pienso, sino de explorar mis propios sentimientos y mi realidad como australiano.
Termina siendo un reflejo del día a día, de algo cultural, sobre todo. Lo que más llamó mi atención fueron las referencias precisas a lugares, en particular las imágenes sobre la naturaleza. Me dieron un sentido de balance al tener presente lo que hay que cambiar y la belleza alrededor; rompió esa imagen estereotípica que tenía sobre Australia, ya que pude buscar los árboles y los minerales. ¿Cómo utilizas y eliges esas imágenes en las canciones?
N: Oh, muchas gracias. Es algo que disfruto mucho en las letras y en los libros; supongo que me gusta cuando las cosas están bien representadas visualmente. Existe un vicio en la composición de pintar imágenes emocionales en grandes pinceladas. Si hablas sobre algo grande, como el amor o la ruptura, es tentador decir: “Estaba enamorado y ahora mi corazón está roto”, pero eso no es una canción, más bien es una descripción de una canción. La realidad es que, cuando hablas de la textura y el color de las cosas, de los momentos microscópicos de la vida de una persona, los nombres de la gente que ha conocido, las calles que ha caminado, construyes una canción real, tierna y honesta. Aprecio escuchar música, leer libros o consumir arte que confía en su audiencia, que confía en que es lo suficientemente inteligente y emocionalmente dispuesta para entenderlo si lo desea. No importa si estás leyendo un libro sobre Nueva Orleans o sobre ti mismo; cuando es honesto y descriptivo de esa forma, se transforma en algo más grande. Las cosas pequeñas construyen cosas enormes.
Es perfecto. Una de las imágenes que más disfruté fue el cielo, la forma en que lo describen en diferentes canciones. Hablando de la honestidad del disco, hay una historia en especial sobre alguien que veían en la calle, como mencionaste. ¿Crees que la música puede ayudarnos a entender las pequeñas cosas que la gente vive?
N: Supongo que sí, no lo había pensado antes. La música tiene la capacidad de hacerte entender cosas, de unir a las personas y olvidar sus diferencias momentáneamente. Por eso quiero ir a un concierto de Dolly Parton; siento que sería la iglesia más grande: habría personas de la comunidad queer, hipsters, seguidores de Trump… Todos solo por Dolly. En ese sentido, la música puede hacerte ver la humanidad en todos, como su propósito evolutivo en la parte ritual del Homo sapiens para reforzar pequeños grupos. Reconozco que esa es la razón por la que sientes un escalofrío en la columna cuando cantas la misma armonía con un grupo de personas: es un orgasmo evolutivo saber que estamos juntos y estamos seguros. Este álbum tiene ese tipo de reflexiones; oscila entre ser avaro, el odio o la frustración, y las reflexiones de ocasiones en que yo he sido injusto. Como decías, también hablamos de nuestra adolescencia, de un tipo que pensábamos que estaba loco porque solo caminaba de ida y vuelta en la carretera. Fue hasta que falleció que supimos que era un profesor de matemáticas retirado, profundamente traumatizado por la muerte de su esposa; él utilizó su genio matemático y su arte para recolectar materiales, por eso caminaba por la carretera. Nunca sabes lo que pasa con los demás.

Creo que hay un punto en la vida en que cambias tu perspectiva sobre los demás, cuando una historia oculta puede decir tanto sobre alguien; esa es una gran reflexión del disco. En ese aspecto, ¿qué es Terrestrials para ustedes? ¿Qué representa para la banda ser un ente en la Tierra?
N: No lo sé. Es algo como lo que conversamos: la unión y la apreciación de la vida en la Tierra. Me gusta mucho el nombre del disco porque hemos hecho muchas cosas casi espaciales; quizá la suposición inmediata es pensar en extraterrestres, pero, al final, somos formas de vida únicas y bizarras, raras y preciosas. Escribimos sobre las personas y los pequeños momentos, hermosos y rotos, de sus vidas, porque todos los terrestres, los humanos, somos como copos de nieve: singulares y preciosos, que contienen un universo de maravillas, aprendizajes, miedos y sueños. De alguna manera es una maravilla que nuestra humanidad, como animales, siga aquí, mientras vivimos con una rabia pura de que haya alguien vendiéndola.
Para terminar, me gustaría referenciar mi frase favorita de este disco: “I still believe in love and work and music”, de “Nashville (I’m Dying)”. Creo que ahí se resume todo lo que el álbum dice: la presencia del bien y el mal, de lo positivo y lo negativo. ¿Cómo llegas a esta conclusión? ¿Consideras que siempre habrá esa dualidad entre el caos y la belleza?
N: Claro, la verdad lo entendiste muy bien. Sí tengo optimismo y cierta creencia ingenua en el amor, aunque no es ingenuo creer en él. Poder creer en el amor es, de hecho, una salvación. Sobre la música, aún creo que es mística, que te transporta religiosamente; aún creo, también, en el trabajo duro. Cortar madera, cargar agua, todo eso es importante; validarlo le da sentido y significado a nuestras vidas, y nadie debería sentirse superior a quien lo hace o adorar a quien no tiene que hacerlo. Así es como imbéciles como Andrew Tate se vuelven ídolos para hombres jóvenes, porque aprecian que no tiene que trabajar, como si “lo tuviera resuelto”; pero a quién le importa, qué existencia tan patética. El amor, la música y el trabajo son las cosas buenas que hacen al mundo seguir.




