Entrevista con Tropical Fuck Storm
- Lilith Jaime

- hace 1 día
- 7 Min. de lectura

Formados en Australia en 2016, Tropical Fuck Storm es el impredecible laboratorio sonoro liderado por Gareth Liddiard, junto a Fiona Kitschin, Erica Dunn y Lauren Hammel. Con una identidad propia caótica y experimental, la banda ha construido un universo donde el art rock, el post-punk y la psicodelia colisionan con letras afiladas, humor oscuro y una mirada crítica al mundo contemporáneo. En medio de distopías eléctricas y melodías retorcidas, el grupo se ha consolidado como una de las propuestas más singulares y desafiantes del rock actual.
Tuvimos la oportunidad de conversar con Erica Dunn sobre su más reciente entrega, ‘Fairyland Codex’, y el impacto conceptual que tiene con la actualidad. Además, nos adentramos a entender su proceso creativo, tanto sonoro como estético, que caracteriza la psicodelia del proyecto y la catarsis de sus presentaciones en vivo.
Tienen un show próximamente en la Ciudad de México. ¿Cómo se sienten al respecto? ¿Ya han estado aquí antes?
ED: Sí, de hecho, ya he estado al norte de México y en Oaxaca donde me la pasé de maravilla.
Oaxaca es muy bonito. Creo que es un destino al que todos deberían ir si están visitando México.
ED: Sí, espero que tengamos tiempo para poder volver a visitarlo. Pero, en general, mis recuerdos del viaje son tan fantásticos y mágicos, y me entusiasma mucho la idea de regresar para tocar algunos conciertos. Eso es realmente un sueño.
Estamos emocionados de que estén de regreso. También me parece muy cool que su concierto sea en el Día de San Valentín (14 de febrero) en el Foro Indie Rocks!. ¿Tienen planeado hacer algo especial durante su set?
ED: Un poco de romance. Bueno, no lo sé. Supongo que podríamos intentar acercarnos un poco y ver si logramos conjurar algunas dedicatorias de canciones de amor. Hay uno de mis programas favoritos en una estación de radio un poco antigua aquí, que tiene esta vibra de dedicatorias románticas. Así que quizá podamos llevar eso al show.
Eso suena emocionante. Ahora quisiera que hablemos de su más reciente álbum. Algo que me llamó la atención fue que hicieron una crítica social sobre diversos temas. ¿Qué fue lo que los llevó a tomar estar dirección creativa?
ED: Sí, supongo que en esta era es casi imposible que los restos del escenario mundial no terminen influyendo en la creación artística. Y, ya sabes, somos cuatro personas bastante neuróticas que probablemente piensan demasiado en el colapso del planeta. Y sí, muchas de nuestras conversaciones juntos, reflexionando sobre distintos escenarios políticos, terminan filtrándose en lo que acabamos escribiendo. Incluso si no estamos haciéndolo sobre algo específicamente político.
De hecho, curiosamente, en este álbum hay una canción que hace una referencia bastante directa a disturbios y a algunas de las jugarretas políticas en Estados Unidos, en Goon Show. Esa sí está contemplando de forma más directa acontecimientos de la vida real en tiempo presente. Pero a lo largo del disco, supongo que todo es material válido. Todo lo que hemos estado pensando, reflexionando como amigos y conversando entre nosotros, de alguna manera termina apareciendo en las letras.
Me parece increíble que se unan al grupo de artistas que están alzando la voz en ciertos temas que resultan preocupantes globalmente. En este sentido, quería preguntarles si en este disco podemos ver tintes de activismo.
ED: Creo que hay una línea entre el activismo y el arte. No sé si exactamente si seamos ese tipo de banda, pero supongo que es una forma de activismo. Escribimos sobre cosas que significan algo para nosotros y, en cierto modo, eso ya es una forma de activismo, porque intentamos encontrar cómo abordar ciertos temas y hablar de ellos con honestidad. Creo que hablar con honestidad es una forma de activismo en sí misma. Y eso también aplica a la creación artística en términos musicales. No estamos intentando complacer a nadie ni demostrar que tenemos la respuesta correcta o incorrecta. Entre nosotros somos nuestro propio barómetro para decidir si queremos hablar de algo, probar algo musicalmente, explorar o experimentar.
Esa honestidad que existe entre nosotros, ese entendimiento compartido, incluso eso en el mundo actual ya es algo importante. Hay muchas cosas allá afuera que son confusas o diseñadas específicamente para enturbiar el panorama, es decir, tener personas gritándote en la cara lo que deberías o no deberías pensar. Así que, no sé si estoy logrando expresar bien mi punto, pero entre cuatro amigos que realmente se quieren, que quieren descubrir cosas abiertamente y ser honestos entre ellos, eso en sí mismo ya es una declaración.
Adentrándonos más al concepto del álbum en términos liricos y sonoros, ¿hay alguna canción que represente mejor este material en su totalidad? ¿O crees que la suma de todo hace que funcione?
ED: Es un álbum tan extraño y, en cierto modo, no debería tener mucho sentido. Todos estábamos bastante preocupados de que no fuera cohesivo, porque hay influencias bastante distintas involucradas y canciones que a veces chocan entre sí al estar una junto a la otra. Pero ‘Fairyland Codex’ es una especie de antídoto surrealista frente a eso, porque es casi como si estuviéramos deslizándonos hacia mundos distintos y explorando lo que sucede en ellos. Entonces, plantearlo como un “códice de tierras fantásticas”, como un índice de referencia o un índice de rarezas, es una forma de hacer que todo eso sea posible. Y no sé si haya realmente una sola canción que lo represente del todo. A menudo pienso que hay muchas maneras distintas en las que podría responder a eso.
Podría elegir cualquiera de las canciones y tomarla como representativa, pero algo que resuena mucho conmigo y que es un estribillo extremadamente simple es el coro de Moscovium. Habla de una verdadera desconfianza hacia los gobiernos y de una especie de decepción con la humanidad en general, reducida simplemente a asesinos. Y supongo que, en general, durante la gira, gritar eso ha sido probablemente lo más catártico de tocar. Tal vez sea esa.

Su música no solo suena, sino se vive. La parte gritar me hace mucho sentido con el mensaje que el disco quiere transmitir. De igual manera, creo que sus canciones tienen una vibra psicodélica, desde lo sonoro hasta lo estético. ¿De dónde surgió la inspiración para el arte detrás del proyecto?
ED: Detrás de esas representaciones visuales está alguien con quien tenemos muchísima suerte de trabajar: Joe Becker, quien hizo la portada de este álbum, además de la de nuestro primer disco, ‘Braindrops’ y varios de nuestros sencillos en vinilo de 7 pulgadas. Joe Becker es un artista canadiense con quien creo que encontramos una sintonía inmediata. No lo conocíamos personalmente cuando nos pusimos en contacto por primera vez para poder usar una de sus pinturas. Tener esa representación visual de la distopía que estábamos imaginando fue muy importante, y realmente todo funciona muy bien en conjunto.
Eso ha sido algo realmente bonito, una especie de regalo inesperado que no podríamos haber anticipado. Solo hemos ido dos veces a Montreal, donde vive Jo, pero conocerlo en persona fue como encontrarse con un familiar extraño y antiguo. Es realmente increíble. Así que esa es la relación. Sus pinturas son jodidamente asombrosas y además son enormes. No te das cuenta solo al ver la portada en formato de 12 pulgadas, pero esa pintura ocupa media pared de la casa de alguien. Él realmente crea mundos, ¿sabes? Y te hace cuestionarte y preguntarte qué está pasando ahí dentro.
Y también creo que hay una especie de sinergia porque él a menudo utiliza algo así como “detritos sociales”, muy parecido a lo que hacemos nosotros en nuestras letras. Va incorporando una serie de elementos que te hacen pensar: ¿qué demonios hace eso ahí junto a eso otro? Y hay una narrativa implícita que te invita, como espectador, a profundizar, cuestionar y dejarte involucrar. Eso es lo que lo hace tan atractivo.
El artista Nespy 5Euro, que es de México, pero vive en Italia, es la persona detrás de los tres videoclips de este disco. Eso también fue otra de esas coincidencias afortunadas, una amistad maravillosa que surgió casi por casualidad. Creo que él se nos acercó primero cuando fuimos a un show y se presentó, y nos dimos cuenta de que estaba creando cosas increíbles. De nuevo, era un estilo con el que sentimos una conexión inmediata, una visión del mundo que encajaba con la nuestra y una forma de presentar el arte que realmente nos atrajo. Y sí, tuve la suerte de colaborar muy de cerca en dos de los videos del disco, incluido el de “Bloodsport”. Fue un verdadero placer, porque él es animador, ilustrador y videoartista.
Me hizo algunas sugerencias y luego básicamente me dijo que le escribiera, que le enviara texto en bruto, línea por línea, en un formato casi literal, para poder dar vida con imágenes a la narrativa o a las ideas que yo tenía. Y entonces fue como algo liberador pensar: puedo simplemente escribir lo que sea, sin filtros. De pronto salió una especie de catarata de ideas, un torrente de cosas. Había mucho más de lo que pensaba que podía sacar.
Escribí sobre imágenes y sensaciones un poco territoriales, cosas que luego terminaron representadas en el video. Y pensé: “esto es un milagro, porque realmente tomó casi cada imagen extraña que se me ocurrió y, con muchísimo cuidado, la llevó a la vida.” Me llenó de alegría el resultado. Me encantó lo rápido que todo cobró forma. Fue otra conexión realmente emocionante, y nos sentimos increíblemente afortunados de que se haya dado.
Su identidad visual sin duda es una característica única de ustedes. Por lo que, ¿cómo ha ido evolucionando la energía creativa de la banda a través de los años?
ED: Es una buena pregunta. Cuando empezamos, éramos un experimento total. Literalmente no habíamos hecho ningún show juntos antes de comenzar a escribir. Creo que casi de inmediato tuvimos que lanzarnos a eso. Nos fuimos a Estados Unidos enseguida y me parece que solo habíamos tocado como tres conciertos en casa bajo otro nombre. No teníamos el conocimiento que tenemos ahora sobre cómo toca cada uno ni esa dinámica que se desarrolla después de años tocando juntos, algo que ahora sí tenemos tras como ocho años de giras. Así que, en ese sentido, el primer disco fue más bien un álbum de estudio. Era simplemente explorar influencias, encontrar equipos e instrumentos raros que nos parecían emocionantes en el estudio y usarlos para crear melodías, escribir secuencias o ritmos extraños. Ahora, en cambio, hay una especie de “Tetris musical” donde cada uno conoce su rol, sabemos cómo interactuar entre nosotros y podemos complementarnos. Eso ya es algo distinto.







