Entrevista con Jaze
- Issi Vega

- hace 2 horas
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Jaze, músico y productor originario de Perú, regresa a México tras el éxito de su tercer álbum de estudio, ‘Quizá no es para tanto’. Es un proyecto ambicioso y detallado que trasciende las voces de las cosas que no importan tanto cuando el tiempo pasa. Avanzar se traduce en sus sonidos, que van desde la suavidad del pop hasta la fantasía del R&B: una visión polifónica en español. Este material de larga duración se convierte en una puerta grande, orgánica y humana al futuro del cantautor peruano.
Este 2026, visita México con fechas en Guadalajara y Monterrey —como parte del festival Pal Norte—, incluyendo el Foro Indie Rocks! este 26 de marzo, que recién cambia a Sala A. Previo a sus presentaciones, conversamos con el músico sobre su material, su evolución y vulnerabilidad, así como sorpresas adelantadas para este concierto.
Con motivo de tu concierto en Ciudad de México, me gustaría comenzar por preguntarte: ¿Qué emociones te trae esta presentación? Una muy esperada por los fanáticos acá.
J: La verdad, estoy muy emocionado. A mí me encanta tocar en todos lados y disfruto mucho, pero es cierto que México es el país que me abrió las puertas desde el principio, y es al que más he ido. Ahora vivo en Argentina, pero he viajado demasiadas veces a México; conozco casi todo el país, aunque me falta un poco por el Pacífico. Me encanta ir, comer ahí, hablar con la gente: el público es increíble. Siento que cada vez crece más [el público]. Este Indie Rocks! está por agotarse, eso es una locura para mí. Siendo de Perú, poder ir y tener cada vez un público más grande y más fiel es hermoso. Encima, luego voy a Guadalajara y al festival Pal Norte en Monterrey: es un sueño. Así que lo estoy disfrutando; ya quiero que llegue la fecha.
Que falta poco, en realidad. Parece mucho, pero se acercan estos shows, que abrirán la puerta al proyecto para que más gente lo conozca. Este tercer disco, [‘Quizá no es para tanto’], es un gran ejemplo de tu evolución musical. ¿Cómo ha sido para ti el proceso de trascender géneros, de cambiar tu música para explorar con tu proyecto artístico?
J: La verdad es que desde muy chico tuve la suerte de que mi viejo me enseñara mucha música; escuché música muy variada. Eventualmente, cuando llegó la compu a mi casa —yo tenía unos ocho años—, me acuerdo que escuchábamos música de manera aleatoria: podías oír desde una cumbia hasta un rock, o después música folklórica, con ese nivel de variedad. Cuando empecé a hacer mi música, nunca pensé en tener un estilo; me gustaba hacer de todo. En este momento no me quiero estancar en un género, pero pienso que mi proyecto debería tener una línea. A mí lo que me gusta es hacer canciones; siempre busco la mejor manera de producir una canción. Si la canción ya está hecha —la melodía, la armonía, el ritmo que le pones—, si la producción será electrónica o no, todo eso va de la mano con la canción: te lo pide a gritos, tú tienes que encontrar la forma. He tratado de darle a las canciones lo mejor que pedían, y cada vez trato de estar más conectado con eso. Disfruto hacer música muy distinta; ahora estoy empezando a hacer cumbia, por ejemplo, para otros proyectos, y eso también lo disfruto. Componer para otros lados me ayuda a expandirme más. En vivo también es divertido: no tocas el mismo ritmo todo el rato, es un show que varía mucho. Me toca rapear como loco en un momento y después cantar muy suave con la guitarra. Va de la mano con mi manera de ser: mi personalidad es muy dispersa, y esa dispersión se refleja en la música.
Me gustó que mencionaras una posible línea. Para mí, este nuevo material fue una muestra de madurez sobre lo que querías decir. Pensando en lo que nos explicabas, ¿cómo influyó tu papel de productor en el disco?
J: ‘Quizá no es para tanto’ fue un disco que me enseñó muchas cosas. Hablando de la producción, en mis dos primeros álbumes estuve mucho más metido en la computadora; en este, he estado más fuera de ella. Me entregué mucho más al lado de la ingeniería —que ni decirlo, porque yo no sé mucho de grabación—. Por ese lado, me apoyé mucho en los ingenieros que conozco. Este disco en especial lo hice en casa con dos amigos, [Diego Mema y Nicolás Btesh]; lo trabajamos por mucho tiempo, con mucho espacio: cada tema tuvo su tiempo. Muy diferente a ‘TOY LOKAZO’, que se hizo muy rápido —grabamos tres temas en un día, lo produjimos muy de a poco—. Aprendí a ser paciente, a ser consciente del sonido y del cuidado de cada uno. [Quizá no es para tanto] fue muy meticuloso en la grabación para que suene todo HD, que suene lindo. Eso también me lo guardo para lo siguiente, aunque quiero experimentar un poco más en la compu. Siento que tengo las herramientas de haber observado estos dos años y haber aprendido de mis compañeros.
Justo estaba pensando en las sesiones en vivo, [QNEPT: 0001 [Live Session]], que acabas de estrenar. Es un testigo de lo detalladas que son estas canciones, aún en su minimalismo. ¿Por qué era importante para ti recuperar las versiones en vivo?
J: Hace tiempo que tenía ganas de hacer una sesión. Con mi disco anterior me pasaba algo similar: aunque tiene la magia de ser un disco electrónico, este nuevo material es muy humano, muy tocado por seres humanos. Por eso tenía muchas ganas de tener un registro, al menos, de algunos temas tocados con la banda con la que he estado compartiendo. Yo veo la sesión y sé que cuando la vea en 30 años será muy emocionante, porque es un registro representativo para mí: tocando las canciones que hice con todo el corazón, con amigos que quiero muchísimo. Es un tesoro personal que puedo compartir, del que estoy muy agradecido y orgulloso.

Ahora que te refieres a ser tocado por humanos, este disco incluye algunas de las canciones más vulnerables de tu catálogo. ¿Cómo fue para ti encontrar esa vulnerabilidad en tu música?
J: La verdad, no lo pensé. Fue un disco muy honesto desde las primeras canciones que fueron saliendo. A la hora de escribir, no estoy tan conectado con qué quiero decir, sino con cómo hago la música. No pongo algo que no sienta, pero siempre trato de que sean las palabras correctas para la melodía. No tengo problema en mostrarme vulnerable en mi música, porque es lo que siento. Hay mucha gente a la que le parece mucha vulnerabilidad para mostrar, pero es lo que siento; también hay canciones que lo piden. Hay otras en que lo que quiero contar es feliz, o quiero hablar de las cosas bonitas de la vida, y también lo hago. La música es un lugar seguro; siempre lo fue para mí, no solo para divertirme, sino para sentirme, para expresar mi tristeza y sacarla. Encima, después tienes un cuadrito de lo que fue y de cómo lo superaste: pero ahí está lo que sentiste, y ahora lo puedes cantar bien porque ya lo sanaste. Es muy interesante, porque es más común que sea al revés. En tu caso, lo que habla más fuerte es la música y cómo suena; esto cambia mi perspectiva al escuchar tus canciones.
J: Hay muchas ocasiones en donde salen juntas, pero nunca escribo primero. Si empiezo a escribir, ya estoy pensando en cómo voy a cantar lo que estoy escribiendo: tengo un ritmo o una melodía. Nunca escribo y luego veo qué le hago a la letra; creo que nunca lo he hecho antes. Pasa que yo amo las letras, las palabras, el vocabulario, y me encanta escribir; por eso conecté tanto con el freestyle, me encanta improvisar. Pero lo que más me gusta en el mundo es la música; siempre fue así. Lo primero que recuerdo es la música; por las palabras entran en ella. La música para mí es más grande. Mi papá es músico, profesor de música para niños; él fue mi máxima referencia musical. Él escucha mi música, pero no mis letras, porque él solo escucha la música. Siempre escuchó artistas en inglés porque no entiende la letra y se puede enfocar en los sonidos. Aunque soy diferente, porque amo las letras, siempre atiendo primero a la música: me interpela. Por ejemplo, con el rap, escucho más allá de lo que está diciendo: cómo lo está rapeando, cómo suena el instrumental, qué tal el bajo, cómo suena la batería.

Claro. Ahora entiendo por qué cada una de las canciones habla por sí misma. Sobre ello, me gusta que tengas colaboraciones con tantos artistas representativos de sus países, con estilos muy diferentes que le dan a cada tema una personalidad individual. ¿Qué te llevas de estas conexiones musicales?
J: Tres amistades, primero. Tres personas que pude conocer, tres personas geniales. Cada uno es una historia diferente, un significado diferente, pero los tres —[Caloncho, Elsa y Elmar, Willy Rodríguez]— fueron igual de importantes y fundamentales en el disco. Ya no me lo imagino sin ellos. Willy [Rodríguez] es, personalmente, una referencia para mí: desde muy chico escucho mucho a Cultura Profética. Conocerlo fue una locura; ahora hemos hecho varias cosas juntos, tenemos una amistad muy chévere a este punto. Pero todo empezó con conocernos, hacer nuestra canción [“el vino y el tiempo”]; después fui a Puerto Rico a trabajar en el disco de Cultura, y seguramente haremos más cosas en conjunto. Con Caloncho igual: habíamos hablado por Instagram, nos conocimos y pegamos buena onda. Unos meses después nos fuimos a San Pancho, Nayarit, a componer para un disco suyo, por ejemplo. Todo nace a partir de eso; terminamos compartiendo, viviendo días inolvidables en Puerto Rico, en México, donde me abrieron las puertas con artistas que quiero y admiro muchísimo. Elsa [y Elmar] también es muy buena onda; la conocí antes de nuestra canción [“un mensaje de voz”], en una juntada para componer. Fue increíble cómo salió el tema, con mucha conexión haciendo música. Las tres canciones ya existían antes, pero tenían versiones solista; quería algo distinto con otro artista. Con cada uno fue increíble y estoy muy contento con eso.
Le dio un toque completamente diferente, una nueva vida. Son artistas que sigo desde hace mucho tiempo; fue como si hablaran otros idiomas, y eso te enriquece como escucha. Para terminar, ¿tienes alguna sorpresa que adelantar para el concierto en Ciudad de México?
J: Es un show distinto a los que he hecho antes. Tengo muchas canciones nuevas que nunca he podido cantar allá; eso para mí ya es un misterio. Tengo muchas ganas de la canción con Caloncho, [“pensé en ti”], que abrazaron mucho allá. Es un concierto que se puede sentir partido en dos: con ‘TOY LOKAZO’ —que nunca dejaré de tocar—, también con mi primer disco. Será un show variado, con este disco entero, tal vez algo de freestyle, con algún invitado para improvisar en conjunto… No va a faltar nada.




