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Entrevista con Gilla Band


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¿Eres capaz de distinguir un mensaje entre gritos, ruido, caos y locura? Gilla Band lleva más de 10 años perfeccionando el arte de comunicarse mediante las formas más viscerales posibles. Y aunque a sus oídos, para ellos actualmente nada es muy estruendoso, continúan en la búsqueda de crear sonidos que los reten en todo sentido: desde que se levantan para ir al estudio hasta cuando deciden que una canción está “en su punto”.

El grupo irlandés, conformado por Dara Kiely (voz), Alan Duggan (guitarra), Daniel Fox (bajo) y Adam Faulkner (batería), empezará su nueva gira en México, presentándose con The Flaming Lips. Buscarán asegurar su lugar como una de las bandas más importantes de su estilo de los últimos años frente a una sedienta horda de fans que esperan escuchar material de The Early Years (2015) hasta su último disco de estudio, Most Normal (2022), con el que se consolidaron como una de las bandas más importantes de su género.

En Vibras platicamos con Alan y Dara, quienes nos contaron más sobre su proceso de composición, su asombro respecto a que existan fans de la banda y cómo su sentido del ruido está completamente alterado.

¡Hola! ¿Cómo va todo? AD: Bien, gracias. Aquí estamos.

¿Cómo se sienten de volver a México después de casi cuatro años? AD: No podemos esperar. Tenemos muchas ganas. Estaremos allí un par de noches, así que obviamente esperamos con ansias tocar con The Flaming Lips, pero también queremos ir a ver las luchas. Con suerte, podremos ir también.

Ahora que están tocando en diferentes partes del mundo, ¿cómo perciben esta nueva ola de bandas irlandesas? Especialmente porque en México amamos ese sonido. ¿Cuál es su opinión sobre estas nuevas bandas y su influencia en otros países? DK: Es increíble. Es genial ver a tantas bandas irlandesas alternativas haciendo cosas interesantes y encontrando audiencias por todo el mundo. Cuando empezamos, a los 15 o 16 años, no se sentía así; no es que no existiera, pero ahora hay muchos artistas emergentes que logran que la gente conecte con su música en todos lados, creando pequeños núcleos de fans. Es genial.

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¿Y cómo perciben, tras cada álbum, la emoción de sus fans? ¿Ven todo por redes sociales o realmente no les importa mucho? ¿Cómo manejan eso?

DK: Yo mismo vendo la merch después de los conciertos. A veces necesito un descanso después de tocar y no lo hago, pero la mayoría de las veces la gente se acerca y son muy amables. Hay una bienvenida muy cálida. Si quieren comprar una camiseta, es increíble, aunque sigue siendo una experiencia extraña. Realmente no estoy en redes sociales, así que no veo esa parte, pero conocer a la gente en persona es asombroso. Es una forma de vida muy extraña, pero en el buen sentido.

Hablemos de la reedición de The Early Years. La estaba escuchando hace un rato. ¿Qué los motivó a trabajar de nuevo en estas canciones? Sé que es el décimo aniversario, pero ¿por qué específicamente este material? AD: Cuando empezamos la banda lanzamos un par de sencillos con un sello independiente en Irlanda llamado City y otros con Quarter Inch Collective. Cuando firmamos con Rough Trade, sugirieron que sería genial relanzar esos tracks como un EP. Hicimos mil vinilos y unos cien CDs en Japón; fue algo muy limitado y se agotaron. A través de los años, la gente se acercaba a la mesa de merch a preguntarnos si volveríamos a prensar The Early Years. El décimo aniversario se sintió como la oportunidad perfecta. Además, al tener eso como tema de conversación, pudimos programar más shows y terminar haciendo muchas fechas en Irlanda. Fue algo muy cool de relanzar.

Al grabar, ¿cuál es la parte más emocionante para cada uno? DK: A mí me gusta cuando está terminado. Me gusta el proceso, pero escribo letras hasta el último momento posible; voy editando sobre la marcha. Suele ser lo último que se hace antes de la mezcla. Si me siento confiado con un track y me gusta interpretarlo al grabar, es genial, pero mi parte favorita es escucharlo una y otra vez intentando encontrar algo nuevo cada vez. Es disfrutar los frutos del trabajo.

AD: No sé si tengo una parte favorita. Con la forma en que grabamos ahora, lo que escribimos puede ser literalmente la grabación final. Tenemos nuestro espacio de ensayo configurado como estudio, así que probamos una guitarra o una batería, lo grabamos y eso podría quedarse en el track. Sientes que estás añadiendo cosas constantemente para que suene divertido. Me gusta probar ideas rápido, manipular sonidos y estructurar todo cuando tenemos muchas piezas diferentes. Todo es divertido, excepto cuando te quedas atascado en una parte por demasiado tiempo. Lo mejor es generar ideas nuevas y llegar al punto donde dices: "Listo, esta canción está terminada".

Entonces, ¿les gusta todo el proceso? AD: Sí, aparentemente todo. Lo disfruto desde que me despierto y voy al estudio.

Pero, ¿cómo saben cuándo parar? ¿Cuándo dicen: “Esta canción es genial, dejémosla así”? DK: Siempre intentamos añadir algo o quitarlo. Si no funciona, lo dejamos igual. Siempre llegamos a un punto donde se siente muy bien, probamos una cosita más y si es demasiado, ya sabemos que ahí estaba la clave. A veces escuchas el track unos días después y es obvio si le falta algo. Por ejemplo, tenemos una canción llamada “The Cha Cha Cha” que dura unos 24 segundos; originalmente duraba unos 30 y tantos, pero se sentía que se arrastraba demasiado. Tuvimos que cortar 10 segundos porque era demasiado, no tenía sentido seguir. Si la canción termina ahí, pues termina ahí, aunque sea corta.

Justo iba a preguntar sobre “The Cha Cha Cha” . ¿Cómo eligieron ese nombre? AD: Estaba escuchando mucho a Sam Cooke; él tiene una canción llamada “Everybody Loves to Cha Cha Cha” sobre un tipo que saca a bailar a una chica. Yo le di la vuelta a la idea: alguien intenta bailar conmigo y yo digo "aléjate de mí, bicho raro". Fue un juego con ese concepto. Estaba en una fase muy intensa de Sam Cooke en ese entonces, aunque desafortunadamente no creo que la canción suene para nada a él.

Me lo imagino en una fiesta; te acercas a una chica y le dices: “¿Quieres escuchar algo cool?” y le pones la canción más ruidosa de Gilla Band. DK: No creo que nadie disfrutaría eso [ríen].

Bueno, mucha gente lo hace. Hablando de su sonido, disfruto mucho esos gritos y el ruido. Leí que ayudaron a Dry Cleaning a conseguir un sonido que ellos no lograban solos. AD: Daniel (bajo) y yo hicimos una sesión de grabación con ellos. Estaban probando diferentes productores y vinieron a Dublín unos días. Fue muy interesante; tenían ideas muy crudas. Nosotros nos pusimos un poco intensos con algunas cosas, probando sonidos diferentes. Recuerdo un track llamado “Blood”; yo sugerí un ritmo tipo Suicide (doom, doom, doom) y lo calibramos. Daniel y yo pensábamos que sonaba genial, pero ellos decían "esto es muy raro". Para nosotros no era raro. Como banda nos hemos desensibilizado a lo que es "extraño" o "ruidoso", siempre queremos buscar los extremos, lo cual es más fácil decirlo que hacerlo.

Mi sobrino de 16 años me pidió una playlist y le puse cosas muy duras como James Chance and the Contortions, y lo asusté. No hubo ninguna canción que lo influenciara. A veces olvido que estamos acostumbrados a que las cosas sean caóticas, y está bien si a la gente no le gusta. ¿Qué planes tienen ahora? ¿Nueva música o solo gira? AD: Estamos trabajando en cosas nuevas, esperamos tener música pronto. Pero el gran enfoque ahora es el show en México. Es nuestro primer show del año.


Mi última pregunta: ¿Qué quieren decirle a sus fans mexicanos?

DK: ¿Hola? No es cierto. Gracias por escuchar. La idea de tener un "fan" me hace sentir algo apenado, no sé qué decir en esa situación. Pero estamos muy emocionados por tocar, eso es lo principal para nosotros.


 
 
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