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Entrevista con Gibrana Cervantes



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En el fascinante universo musical de Gibrana Cervantes, la experimentación y la exploración son las brújulas que guían su trayectoria. Originaria de Chilpancingo, Guerrero, esta violinista, compositora e improvisadora mexicana ha desafiado las expectativas desde sus días en la música clásica. Con una carrera que se extiende por más de una década, Gibrana ha llevado el violín a nuevos horizontes sonoros, fusionando lo acústico con lo electrónico en un viaje musical que la ha llevado a colaborar con destacados músicos, desde Lori Goldston hasta Charles Hayward.


Su material debut, ‘¿Cómo pasamos la eternidad?’, es el resultado de una profunda inmersión en la sinfonía No. 5 de Mahler, donde las pérdidas vitales se entrelazan con la creación de una retórica formulación. Este álbum, grabado en el Estudio FOA2 en Tepotzlan, México, se convierte en una obra maestra que fusiona la filosofía, la sanación holística y la introspección a través de la música. Destacando el tema central, “Moving Through Our Waters”, Gibrana revela su conexión con la naturaleza, especialmente con el río Pixquiac en Veracruz, donde las corrientes y el fluir del agua se transforman en una experiencia sonora única.


En una entrevista reveladora, Gibrana comparte su trayectoria musical desde la música clásica hasta la experimentación. Su proceso creativo en solitario para ‘¿Cómo pasamos la eternidad?’ le permitió explorar su identidad musical y encontrar confianza en sus propias creaciones. 


Quiero empezar esta charla con una pregunta muy sencilla y muy puntual para aquellos que aún no conozcan de ti, y tus proyectos, ¿Quién es Gibrana Cervantes?

GC: Claro que sí, soy Gibrana Cervantes, una violinista y hago música experimental, música en el género ambient y drone, proceso el violín con pedales creando atmósferas que pueden ser desde algo muy tranquilo y poder llegar a veces hasta algo muy caótico, creo que eso sería una breve introducción de mi.


Dada tu experiencia en la música experimental, ¿cómo abordas el desafío de llevar al violín a lugares sonoros no convencionales y qué descubrimientos has hecho en este viaje de exploración?

GC: Yo llevo tocando violín desde hace varios años, realmente empecé con la música clásica, de hecho hice mi carrera en música clásica, y esta nueva etapa de mi vida en la música, llevo ya como 10 años en esta exploración. 


Lo que siempre me ha gustado de tocar este instrumento es la variedad de posibilidades de sacarle sonido, y no como suele sonar un violín normal, es un instrumento con muchos armónicos, el instrumento da la facilidad de explorar más sonidos que el propio instrumento los genera. En esta búsqueda al trabajar con medios electrónicos es mezclar lo que es un instrumento acústico y cómo puede resolverse, y que otros ambientes puede encontrar utilizando los medios electrónicos, entonces eso es como un poco más mi búsqueda en estos últimos años, realmente realizar otras maneras de llevar el violín a su capacidad máxima. ¿Cómo ha influido el proceso de crear tu EP ‘¿Cómo pasamos la eternidad?’ en tu identidad musical personal y qué aspecto de ti mismo como artista descubriste durante este proceso?

GC: Este EP, es mi primer disco que hago en solitario, y fue una búsqueda muy linda. Mi background es que yo trabajo con muchos de mis amigos, me refiero de manera colaborativa, esto aún lo hacía hace dos años, y al hacer este EP fue como encontrar cómo hacer mi música solo con el violín y los pedales. 


Esto me llevó a conocerme mucho más, a tener más confianza en lo que yo quería hacer con mi música, y fue un bonito experimento, lo trabajé de la mano con Camille Mandoki, que es una gran amiga mía, y que desde un principio exploramos estas canciones que yo ya había escrito, y que ya había compuesto años atrás pero nunca me había decidido a compartirlas o a concretarlas en un disco. 


Entonces, realmente ha sido un proceso, yo creo que desde que hice el cambio de la música clásica a la música que estoy haciendo ahora, viene desde esa parte y hasta este año pude concluirlo. Trabajar en solitario es tan diferente, fue el momento indicado de cerrar estas canciones y concluirlas con este nuevo EP.



Has colaborado con diversos músicos, desde Lori Goldston hasta Charles Hayward. ¿Cómo seleccionas a tus colaboradores y qué valor añaden a tu música?

GC: Fíjate que yo no los he buscado, mágicamente han llegado a mi vida, o nos hemos encontrado por circunstancias del destino, y que es lo bonito en hacer música, ya que viajas, conoces. Para mí lo más importante es encontrar también como un vínculo sabes, yo sé que veces he tocado con gente con la que no tengo que hablar, por ejemplo pasa mucho con Charles Hayward, es una comunicación más bien de instrumentos, es super padre tener esta comunicación, o este lenguaje en sonido. 


Con Lori Goldston en 316Centro una vez que fue a tocar, y me quedé platicando con ella, me sentí tan tranquila, tan fácil como si hubiese sido una amiga de hace varios años, que realmente fue muy fácil hacer música con ella. Yo siempre dejo abierta esa puerta de encontrar un vínculo, me gusta saber cómo se siente la gente, qué le gusta, cómo ve el mundo, yo creo que desde ahí empiezas a tener una conexión, y eso para mí es increíble, encontrar como un vínculo, no nada más a través de la música, sino que sea un todo que se pueda compartir.


Con proyectos como Vyctoria, Amor Muere y tu carrera en solitario, ¿cómo logras mantener un equilibrio creativo entre estos distintos aspectos de tu carrera musical?

GC: Claro, Vyctoria y Amor Muere algo que tienen en común denominador es que es música que hago con mis amigos, a veces les hago llamar la “Boy Band”, lo que te puedo decir es que todos ellos son mi familia, y desde esa amistad pudimos consolidar estos proyectos. Por ejemplo Vyctoria, es un proyecto más pesado, donde hay guitarra eléctrica, bajo eléctrico, batería, violín, es instrumental, usamos más los géneros como el doom metal, metal, post rock, esto es característico de este proyecto, lo fuerte, lo visceral. y Con Amor Muere, es este grupo que tengo con mis amigas Mabe Fratti, Concepción Huerta y Camille Mandoki, donde realmente nos conocemos desde hace unos 6 años y empezamos a tocar juntas a través de un proyecto multidisciplinario que estaba dirigiendo Camille, hay mucha conexión en la música que hacemos, puedo decir que es diferente, no somos una banda tal cual, la forma en la que yo lo veo, es como un colectivo, una forma de cómo nos cuidamos como amigas, como nos escuchamos, para nosotras es muy importante saber cómo nos sentimos antes de tocar o antes de componer o antes de salir a tocar fuera, hay otros tipos de rituales que manejamos, creo que eso lo hace único, creo que estoy super afortunada de poder hacer música con todos ellos. El arte de tus materiales discográficos, como el realizado por Corbin La Mont, tiene una presencia distintiva. ¿Cómo consideras que la estética visual complementa tu música y cuál es tu enfoque al colaborar con artistas visuales?

GC: Claro, lo que tengo más presente es todo lo auditivo, y realmente siempre parto más de la composición, de cómo estoy creando esta música, por suerte pude colaborar con Corbin La Mont, me encanta lo que hace, su arte es hermoso, mientras estaba haciendo mi música imaginaba ciertos colores, tenía el sentimiento que está música por ejemplo se pudo crear en un río, todas estas imágenes que me llegaban, eran más bien colores, como azules, medio verdes, entonces creo que Corbin es muy buena para bajar todas estas ideas, no sé, a mí luego me da risa cuando hablo con amigos artistas visuales, ya que soy más como un color, una imagen, o sea algo más puntual, pero es lo bonito de trabajar con ellos porque pueden llevar tu idea o lo que escuchan a algo visual, tengo que decir que a mí me gusta que la otra persona se sienta libre de explorar, no me gusta imponer tanto lo que yo imagino en lo visual, me gusta también sentir esta experiencia de compartir, de ver que cosas resaltan, que cosas sienten estas personas al escuchar mi música también, y ahí fue donde encontramos el río, las aguas, o sea el movimiento de agua eran como un común denominador en la música que estaba haciendo, y ahí Corbin le dio un toque indicado a darle lo visual a la música.


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Portada: ‘¿Cómo pasamos la eternidad?’ de Gibrana Cervantes

Justamente mencionas el agua, y existe esta canción representativa "Moving Through Our Waters", ¿cómo la naturaleza, y específicamente el agua, influye en tu música y en la creación de atmósferas sonoras?

GC: Sí, justamente esta canción es la más representativa, a la que más cariño le tengo de este disco, ya que la he estado tocando desde hace muchos años, si te digo 10 años quizás es poco, no la podía concluir, era una línea que me gustaba repetir y repetir, y sentarme enfrente del agua y ver cómo son todos los movimientos, soy una persona que represento con mi música mi día a día, y en esos momentos yo me sentía como triste, y la música es triste, pero era realmente como me sentía, como quería plasmar esos sonidos, y yo estoy muy conectada con el agua, y en todas sus facetas, me encanta, creo que esta canción que tiene esta repetición, toca unos tintes muy sensibles, y va por ahí como dices tú.


En tus colaboraciones con Charles Hayward y otros músicos, mencionas la importancia de la improvisación y el gusto por crear música como ritual. ¿Cómo estructuras o preparas estos rituales creativos, y qué encuentras más liberador en este enfoque?

GC: Para mí implica mucho el lugar, la gente, hay veces que uno como músico prepara algo para presentar, hay ocasiones que he llegado a cambiar cosas por la energía. Sí me gusta antes de subir al escenario respirar, conectarme con el lugar, tú no tienes control de qué va a pasar, qué gente va a ir, cómo lo va a recibir la gente, creo que mis primeros minutos tocando son donde puedo conectar con el lugar y de ahí encontrar el camino de cómo jugar con mi música, la improvisación es parte del juego, yo incorporo mis errores, y no tengo problema al respecto.



Mirando hacia el futuro, ¿qué metas personales o artísticas te has propuesto alcanzar en los próximos años?

GC: Para serte honesta, a veces no me gusta mucho pensar en el futuro porque la vida se pone complicada, pero te puedo decir que yo sigo concentrada en mi música con Vyctoria y con Amor Muere. Por ejemplo, con Amor Muere vamos a hacer una gira el próximo año, con mi proyecto solista también tengo unas giras el próximo año en Europa. Esta es la vida que escogí, hacer música, mi meta es no perder la sensibilización de seguir creando música.


Ahora que el EP está disponible, ¿hay alguna reflexión o mensaje específico que esperas que los oyentes capturen al explorar tu música?

GC: Por ejemplo, mi música no tiene letra, así que no tiene que imponer o sentir algo. Creo que con esta música, cada uno puede interpretar el cómo te hace sentirla. Siempre que hago música lo hago desde una intimidad muy profunda, quiero que cada uno pueda desarrollar su propio sentir sin imponer nada.

 

En el universo de Gibrana Cervantes, cada nota es un viaje a través de paisajes sonoros inexplorados. Desde sus inicios en la música clásica hasta la vanguardia de la experimentación, Gibrana teje su historia con las cuerdas de un violín que se convierte en la extensión misma de su creatividad. Con colaboraciones que surgen de la magia del destino y un enfoque visionario en la estética visual, fusiona lo acústico y lo electrónico, guiando al oyente a través de experiencias únicas e íntimas.


Su reciente obra, ‘¿Cómo pasamos la eternidad?’, no sólo marca un hito en su carrera en solitario, sino que revela la profunda conexión entre su música y la naturaleza, con el agua como hilo conductor. Cada canción es un reflejo de sus emociones, capturando la esencia misma de su ser en melodías que se sumergen en la memoria del oyente.


Esta artista se erige no solo como una virtuosa del violín, sino como una creadora que desafía las convenciones, llevando la música experimental a nuevas alturas. Con futuras giras en el horizonte y su compromiso inquebrantable con la creación musical, el viaje de Gibrana apenas está comenzando.




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