‘Gallipoli’ de Beirut: Indie Folk para apapachar el alma

Es imposible no asociar a Beirut con nostalgia. Con paisajes soleados. Con ambientes rústicos. Gallipoli no es la excepción. El quinto álbum de estudio de la banda liderada por Zach Condon sigue teniendo su sonido característico, pero aderezado con nuevas aventuras instrumentales que reflejan a la perfección los viajes e inspiraciones del cantautor.


“When I Die” tiene una ambigüedad cautivante. Inicia combatiente, pero la letra nos pide rendirnos ante la idea de la muerte, esa idea que conforta al pensar que después de la muerte hay un lugar mejor. “Gallipoli” continúa el hilo del viaje con sonidos dulces de vals que nos traen imágenes de añoranza o incluso hasta momentos de reflexión.

El ukele predominante de “Varieties of Exile” nos lleva a lugares conocidos del Beirut que cautivó a la música indie en 2006, pero con una voz mucho más dulce y con pinceladas de su órgano farfisa. Ya envueltos en este sueño soleado llega “On Mainau Island”, un track que si bien nos trae un sonido refrescante rompe con el viaje al que nos estaba induciendo. Sintetizadores y ambiente espacial bien producido, pero fuera de lugar.

La casi hipnótica “I Giardini” nos regresa al ambiente idílico pero ahora con las percusiones como la estrella de la melodía, mientras que “Gauze für Zah” refuerza el sentimiento con un sonido más pop, más intrigante tanto para fans como para quienes escuchan por primera vez a Zach y compañía. Es el punto de quiebre en el viaje sónico.

“Corfu”, como su nombre lo indica, nos transporta a una visión veraniega y exótica. Uno de los temas destacados del álbum debido a la incorporación de nuevos sonidos, pero con el mismo resultado envolvente. “Landslide” es el clásico sencillo de Beirut, letra devastadora, una voz de ensueño y una melodía que coquetea con la balada triste para recordar o con el soundtrack de una pacífica tarde de verano.


“Family Curse” es la mejor del disco. Sintetizadores, órganos y percusiones, todo mezclado de manera tan fascinante que te envuelve sutilmente. “Light in the Atoll” sigue la línea de sonidos de “Carfu” pero con toques de los inicios de la banda, una canción que sirve de transición para terminar el viaje musical.

Los sintetizadores se vuelven más predominantes en la última parte del LP. “We Never Lived Here” los mezcla con trombones y trompetas, más experimental, no tan emotivo. En “Fin” son la columna vertebral de la melodía, que al igual que “On Mainau Island”, la atmósfera es más espacial que rústica, por lo que contradictoriamente nos deja en un viaje inconcluso.

Gallipoli no ofrece nada nuevo a los fans de Beirut, pero los apapacha con nuevos pretextos para seguir escuchándolos. Sigue siendo esa banda que nos permite acurrucarnos en sus melodías en una hermosa tarde; no nos sorprenderá con propuestas innovadoras, pero nunca decepciona y eso siempre se agradece.

Este quinto álbum de Zach Condon y compañía es dulce, lindo y melódico, tan inofensivo e ideal como una tarde de verano. Perfecto para soportar el final del invierno.

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