Cage the Elephant en el Pepsi Center WTC

Fotos: Lulú Urdapilleta (Cortesía OCESA)

Cage The Elephant @ Pepsi Center WTC, 2019

La banda de Kentucky, Cage the Elephant, son conocidos por sus shows explosivos, dinámicos y llenos de euforia; después de su memorable presentación en el Corona Capital 2017, se han quedado con el título de los showmen del siglo XXI. Anunciando por primera vez en México una presentación solo para ellos, desde presentarnos su más reciente material, Social Cues, hasta compartir el escenario con una banda como Spoon, las sorpresas eran imparables y generaban altas expectativas hasta superar el límite. Una presentación con dos bandas de ese calibre no sucede seguido, la combinación estaba destinada a una velada alocada y llena de destellos de ímpetu.

Spoon se robó el corazón del público con sus loops de teclas juguetonas, líneas de bajo contagiosas y riffs de guitarra agitados, de sus melodías indie-rock completamente despreocupadas. Britt Daniel es un maníaco de la vieja escuela que se alimenta con las palmas de la audiencia, sacude su guitarra de un lado a otro, hace pausas con un órgano demente y percusiones en potencia. No perdieron la oportunidad de hacernos bailar con “The Way We Get By", “Hot Thoughts” y “I Turn My Camera On”, estremecernos el corazón con “Inside Out” y hacer un cover del clásico “Isolation” de John Lennon; por supuesto, no podía faltar la magia de “Do You” antes de despedirse.

Las luces se apagan, los gritos solo consumen el ansia, 3… 2… 1… Cage the Elephant se apropian del escenario en cuestión de segundos, la atmósfera es efervescente y “Broken Boy” es la primera canción en dejarse escuchar. El público se convierte en una oleada eufórica en “Cry Baby” y “Spiderhead”, no podías perder de vista a Matt y Brad Shultz, pues juegan con el micrófono, lanzan plumillas y acercan a la multitud; no hay duda de que saben cómo encender a miles de personas.


En vivo son una montaña rusa emocional -casi literal-, de altibajos y puntos culminantes en específico, iban desde el mood emotivo de “Too Late to Say Goodbye”, un rock-garage enérgico de “Cold Cold Cold”, el inquietante sencillo “Ready to Let Go” y así cargar el set de nuevo material con “Social Cues”. No dan espacio para un respiro, pero tampoco era necesario, el público continuaba cantando a todo pulmón, bailando y saltando, no importaba quedarse sin aliento.

Matt Shultz agradecía a nuestro país por todo el entusiasmo desenfrenado, respondía con gritos y rachas explosivas. Continuando con su repertorio espléndido, “Tokyo Smoke” y “Skin and Bones” fueron las más recientes joyitas que comenzaron a generar la gradual catarsis, junto con “Mess Around” y “Trouble” que hacían temblar hasta los huesos y así llegar a un clímax constate, dejando escapar un par de notas, suena el clásico “Ain't No Rest for the Wicked”, que en modo vaquero, fue cantando completamente al unísono.

Cage the Elephant son fuego puro en el escenario y los hermanos Schultz tienen una química que es dinamita. Matt Schultz no es de este planeta, es un personaje excéntrico, de personalidad alocada y profunda, sin miedo a nada y créanme, como buen protagonista de la historia utiliza todos los props necesarios para invitarnos a ser parte de su locura: con máscaras, una colección de sombreros, miles de capas de ropa y múltiples lentes de sol, flores, cadenas y un bastón; además, de sus despreocupados movimientos de baile y deslizarse en el escenario, tiene una teatralidad inagotable que resulta irresistible.


Se cobijan con la bandera de México y ahora explorando un lado más melancólico, “Telescope” fue completamente desgarradora, pero son tan buenos con el contraste, su juego de alter egos hacia que las canciones fueran lo más realistas y emotivas posibles. “Shake Me Down” hizo sentir los días nublados como un remolino rockero, seguida por la ternura y nostalgia adolescente que evoca “Cigarette Daydreams”, coreada de principio a fin y permitiendo dejar caer algunas lágrimas.

Finamente, de esencia demente y creando un éxtasis culminante, suena “Teeth” con pirotecnia de cierre, se convierte en una odisea de sucesos imparables: Matt busca como surfear en el público, cuando logra el equilibrio comienza a sonar “We Are the Champions” y Brad, tal cual locuaz, azota su guitarra al piso, la vuela en pedazos; Cage the Elephant es de genialidad rockstar, son impresionantes, son la dosis perfecta de locura que te posee de manera instantánea.

“¡Oh!, ¿en serio creían que esto había terminado?” -exclama Matt antes de transformar la atmósfera en un showcase más íntimo, sentado en medio del escenario e interpretar “Love’s the Only Way” con los acordes de una guitarra acústica; es desgarradora, te destruye el alma por completo y rogando por un poco de rebeldía, convence a la banda de tocar una última canción, “Goodbye”, fue la canción de despedida, un rompe corazones que desprendía lagrimas y hacia más amena su partida. Con una promesa honesta y la conexión innegable entre Cage the Elephant y México, solo queda cruzar los dedos porque seguramente volverán a coincidir pronto.


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