Bauhaus en el Parque Bicentenario


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Fotos: Alan Cortés | @alancortest

Peter Murphy toma su micrófono y se mueve al lugar exacto del escenario donde un rayo de luz está pegando, súbitamente vemos como con la luz toda su vestimenta negra parece entonces de color blanco. La imagen es casi mística: él en el centro y David Jay, Kevin Haskins y Daniel Ash haciendo vibrar con su música, como si se tratara de un temblor de cielo, a cada uno los presentes.

Cuando me bajé del metro, apenas llegando a la estación Refinería, fue cuando me di cuenta de que no sabía por cual salida llegar al Parque Bicentenario. Sin embargo, la incertidumbre acabó enseguida al ver que varias personas vestidas de negro subían por las escaleras: “Claro, es por ahí”, pensé. La sensación de saberme guiado por desconocidos era algo que había olvidado, pero en ese momento regresó a mí más clara que nunca. Después de una breve caminata y del riguroso paso frente al termómetro, me encontré frente al escenario.

Eran las 17:30 y el acceso general empezaba, los fans comenzaban a agarrar sus lugares para disfrutar de lo que se vendría en unas horas. Era imposible no darse cuenta de la variedad en cuanto al rango de edad, de los asistentes: adolescentes entusiasmados, señores con canas y jóvenes adultos platicaban en grupos, a la espera del primer telonero. Un cielo nublado amenazaba con lluvia que nunca ocurrió, pero para este momento eso era lo que menos importaba. Una hora después vi a las integrantes de Automatic paseándose con soltura entre el público, calando el ambiente y a las personas que las estarían escuchando dentro de poco.

A las 19:30 Soriah comenzó a tocar. Ejecutó su set con gran pasión y terminó su última canción, “Atlan”, diciéndonos: “Gracias por su alma, gracias por su sueño. Te amo, adiós, hasta luego.”

No pasaron ni diez minutos y Automatic ya estaba dándonos su buena dosis de líneas de bajo funkeras y sintetizadores ácidos que dieron pie al baile entre los asistentes. Destacaron “Signal” y “Too Much Money”, canciones pertenecientes a su primer y único disco de estudio, que lleva por nombre ‘Signal’. Este power trio de Los Angeles tiene una propuesta interesante y muy bien definida que, sin necesidad de valerse de una guitarra, hace sentirnos como si estuviéramos en una discoteca, pero con puros darks bailando alrededor.

Cada vez estábamos más cerca de ver lo que llevábamos esperando con ansias, de escuchar en vivo a una banda legendaria que, junto a otras como Siouxsie and the Banshees y The Cure, ayudaron a definir géneros de finales de los setenta como el rock gótico y el post-punk. Los amplificadores Marshall fueron puestos en el escenario, se cambió de batería y, al poco tiempo, escuchábamos al asistente de sonido decir: “Test one, test one”.

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Se apagan las luces, vemos siluetas aproximándose al escenario y llega por fin un feedback de guitarra distorsionada que nos perfora dulcemente los oídos. Bauhaus regresaba a México con su alineación original después de dieciséis años, y “Rosegarden Funeral of Sores” (cover de John Cale) era la rola con que inauguraban su concierto. La gente brincaba de la emoción y gritaba a todo pulmón; emociones y experiencias de distintas vidas se concentraban todas en cuestión de segundos, mientras que las frustraciones y malos momentos que la pandemia pudo haber causado en ellas se difuminaban igual de rápido.

La “mística imagen” que inauguró esta crónica no sucedió hacia el final del concierto, sino que se dio en su segunda canción del set: “Double Dare”. ¿Cómo no estremecerse al escuchar ese bajo atascado con fuzz y minutos después ver a Murphy en medio del escenario convertido en pura luz? De ahí en adelante la noche se volvió una fiesta colectiva, temas como “In Fear of Fear”, “She’s In Parties” y “Kick in the Eye” sirvieron de preámbulo para la llegada de una de sus canciones más esperadas y también la primera publicada por la banda en 1979: “Bela Lugosi’s Dead”. Hay que destacar que, mientras la estaban tocando, se vivió un momento tenso ya que un admirador logró subirse al escenario para tomarse una foto con Peter, que si bien logró esquivarlo en su primer intento, al segundo lo empujó y ahí fue que intervino seguridad para reubicar al fanático.

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Fuera de eso, el show siguió desarrollándose con soltura y antes de un primer encore pudimos escuchar los característicos armónicos de la guitarra de “Stigmata Martyr”, el apasionado y explosivo coro de “The Passion of Lovers” y el frenesí de la sección rítmica de “Dark Entries”. Para esto ya habían dado las 22:30 y la banda dejaba el escenario sólo por algunos minutos, ya que regresaron para tocar tres covers icónicos dentro de su repertorio. El primero de Iggy Pop, “Sister Midnight” nos hizo entonar, confiados de nosotros mismos, la clásica línea de voz: “Calling Sister Midnight!”. Luego vino la sección glam del concierto, con “Telegram Sam” (T. Rex) y “Ziggy Stardust” (David Bowie). Ahora bien, las interpretaciones de Bauhaus son un gran ejemplo de cómo los músicos pueden añadir sus propias texturas y estilo característico a piezas musicales hechas por otros artistas. Si bien estos temas clásicos son inconfundibles, también lo son los covers de Bauhaus.

Para el segundo encore decidieron bajar el ritmo y despedirse con la bella y nostálgica “All We Ever Wanted Was Everything”. La guitarra acústica y la tenue batería se mezclaban perfecto con el bajo, esta vez con un tono redondo y limpio, y el eco en la voz. Bauhaus se despidió de su primer concierto de regreso a México con un rola lenta y conmovedora, después del energético set que se echaron. Por último anunciaron que, a solicitud de la banda, boletos limitados estarían al precio de ochocientos pesos mexicanos, para quien quisiera ir el segundo día, el domingo veinticuatro.

Salí del parque y ahora sí sabía por cuales escaleras entrar a la estación.


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