
Entrevista: Issi Vega | Fotos: Alan Cortés
Bratty, una estrella que brilla:
el descubrimiento y la permanencia
en el rompecabezas de la música.
Bratty está de regreso este 2026 con el lanzamiento de ‘HOSHI’, su cuarto álbum de estudio: una compilación de ambiciones, sueños y preguntas al estilo alternativo. Originaria de Culiacán, Sinaloa, se ha convertido en uno de los grandes referentes de la música independiente mexicana, dando origen a una generación completa de artistas autogestionados que alcanzan el éxito en entornos digitales dentro de una era completamente nueva para la industria.
Tras siete años de trayectoria, la artista se enfrenta a la necesidad de expandir sus horizontes musicales, atravesando nuevos caminos y destrozando límites. ‘HOSHI’ es un confesionario, una visión atemporal que entiende su presente y se extiende hacia su futuro. Jugando entre distintos géneros, Bratty responde a sus propias preguntas con estrategias sonoras, retratos de sus cambios y aspiraciones, y ese estilo alternativo que tanto la caracteriza.
El álbum, además de desdibujar las barreras de los géneros musicales, funciona como un diario de aprendizajes de la mano de diversos colaboradores. El proyecto reúne a productores de todo el mundo y a artistas de distintas generaciones, abrazando en un solo material a voces como Barry B, Natt Calma, Marc Seguí, Ed Maverick y Julieta Venegas.
‘HOSHI’ descubre los laberintos de la mente de Jennifer Juárez entre hilos y secretos que podemos ir descifrando a lo largo de 12 canciones. Para develar esto y más, conversamos con Bratty tras el lanzamiento, abriendo la caja de Pandora de este universo.

Este disco habla por sí mismo; tiene tantas cosas que decir en todos los sentidos. Me gustaría que me hablaras sobre tu experiencia particular con este material. Hablamos de reinvención y de darle un giro total a Bratty a nivel sonoro, de imagen, entre otras cosas.
B: Este disco sí fue muy diferente en cuanto al proceso creativo en comparación con los demás que he hecho. Aparte de lo obvio—que explora otras cosas en cuanto a géneros—, es un disco muy alternativo. Quería hacer un refresh de muchas cosas, quería intentar cosas nuevas. Y fue un disco que salió de mi cuarto; me gusta mucho recalcar eso porque en los anteriores no lo había hecho. Siempre era yo desde mi habitación haciendo un demo: tener la maqueta de la voz con la guitarra, la letra, las baterías, los bajos… Tener todo bajo mi control me daba seguridad. Con este disco sabía que necesitaba salir de mi cuarto y conocer a otras personas que hicieran algo diferente a lo mío. Necesitaba ponerme allá afuera si quería hacer algo distinto, necesitaba salir; porque si lo hacía desde mi cuarto, desde la primera idea volvería a lo mismo. Creo que es necesario para la evolución de un artista ponerse en situaciones que pueden ser incómodas y retadoras también, para saber hasta dónde puedes llegar.
Entiendo que incluso lo grabaste en diferentes ciudades, amplificando esta perspectiva de “hasta dónde podía llegar”. Para mí, este es un álbum ambicioso en el sentido de que hay una necesidad tangible de hacer algo más. Además, te vuelves a presentar, desde lo estético hasta tus redes, dejando ver todo lo nuevo a quien ya te conocía. ¿Por qué decidiste reintroducirte ante el público que ya escuchaba tu música?
B: Cuando empecé a hacer música entendí que me gustaría inventar algo que la gente no hubiera escuchado antes; esa siempre fue mi motivación. Ahora siento que sigue siendo algo parecido. Me pregunto: ¿qué he hecho? O más bien, ¿qué no he hecho hasta ahorita? Me pregunto qué me puede dar esa apertura para decir: “Bratty está sacando algo nuevo”, que sea una evolución y que me permita definir qué concepto le estoy entregando yo al mundo. Busco que se sienta como algo interesante que decir, ¿sabes? Siempre le doy muchas vueltas al asunto, me gusta entregar cosas muy intencionales. No quise que este disco fuera la excepción, sino que responiera a lo que he aprendido de todo lo que hice en mis discos pasados. Creo que, por ejemplo, hemos visto una propuesta más visual que no había desarrollado antes, en cuanto al ‘Hoshi Series’, en cuanto a proponer narrativas distintas o presentar un logo. Fue buscar de qué otras maneras puedo expresarme y que, además, se vean cool. Sobre todo en lo digital, o sea, en los contenidos, fue muy necesario dar ese paso porque ahora así funciona el mundo: te tienes que poner allá afuera en el entorno digital, tienes que mostrar tu cara para que sepan quién está detrás de esas rolas. No ha sido nada fácil, pero creo que es necesario; no quise exigirme solamente en lo musical, sino en todo lo que me falta hacer como artista, ya sea estar más presente en internet, hacer contenidos… Pero no voy a hacer bailes, entonces, ¿qué puedo hacer? Cuando me hago esa pregunta, pienso en qué más puedo ofrecer que se sienta natural para mí y que tenga algo padre que aportar.
Yo recuerdo perfecto cuando el logo de ‘HOSHI’ empezó a aparecer en las portadas de los discos; entendí que algo estaba cambiando, pero para bien. Hay un significado que va más allá de lo implícito en el álbum: nada en él es al azar, ni las colaboraciones ni el orden de las canciones. Eso fue para mí lo que le dio una identidad nueva al proyecto. ¿Cómo fue para ti tomar estas decisiones tan precisas dentro del disco?
B: Primero, gracias por darte cuenta de eso. Como artista, a veces pienso que a la gente le va a valer. Soy detallista, tanto que muchas veces no terminan de entender qué tan detallista soy. Las canciones, por ejemplo, tienen un orden que va contando algo en cuanto al sonido y en cuanto a la letra; me gusta que la última rola conecte con la primera. Pienso en un disco como un conjunto con un hilo conductor. Todo es intencional. Yo soy la persona más intencional del mundo, nada lo hago al azar; siempre sobrepienso las cosas aunque parezca que lo estoy haciendo bien tranqui.
“Las colaboraciones, los sonidos, la forma en la que están acomodadas las rolas, las letras de lo que te voy contando desde la primera hasta la que va en medio, la última y cómo van convergiendo la que va antes y la que va después: todo eso es intencional.”
Y las colaboraciones también. En el caso de los productores, trabajé con muchas personas que hacen cosas diferentes a las mías. Por ejemplo NOIZE, que ha producido a Feid y viene más del mundo del reggaetón, él es de Puerto Rico. Luego con Red Fingers, que es más alternativo y tiene sonidos de texturas electro-pop y saturados. Con cada productor fue muy distinto; por eso cada canción suena diferente, pero sigue sonando a mí. El planteamiento fue: ¿cómo puedo combinar lo que tú haces con lo que yo hago y construir algo nuevo? Ese era el goal y siempre lo ha sido: ¿qué más se puede hacer que no esté hecho? Por eso también es diferente el disco. Muchas personas fueron parte de él, no solamente yo; todas las mentes convergieron detrás de eso. En la dirección creativa colaboré con una chica, Yellow (Andrea), que también es culichi. Todo fue nuevo para mí, las personas con las que trabajé también, por eso es un producto diferente que presentar.

Me hiciste pensar en los sencillos como piezas de un rompecabezas; al final, al escucharlos completos, formabas el producto definitivo. Me gustaría recuperar lo que decías sobre tu interés en hacer algo original. Justo esto aparece de forma textual en “la estrella que quería brillar”. ¿Qué significa para ti hacer algo original? ¿Es algo que se reduce a ti o se expande a los demás? Un poco de ambas…
B: Por ejemplo, el disco tiene muchas preguntas sin resolver. Son preguntas que me hago todos los días, pero las estoy poniendo ahí afuera para la gente que se siente así también. Sobrepienso mucho las cosas mientras planeo, también, mi siguiente movimiento. A veces te clavas tanto en eso de “qué voy a decir”, “qué voy a hacer”, que empiezas a buscarle el propósito. A veces, incluso, se te pierde y te cuestionas: “¿por qué estoy haciendo esto?”. Pienso que a lo mejor ni le va a gustar a la gente, que a lo mejor debería estar haciendo otra cosa o que tal vez no soy lo suficiente para esto. Eso es algo que a cualquiera le pasa; es un sentimiento universal querer sentirte suficiente para algo. De ahí viene la parte de la originalidad. Me pregunto si vale la pena que haga todo esto si ya todo está inventado. O sea, ¿para qué voy a dar una entrevista si a lo mejor ya le hicieron esa pregunta cien veces? Pero creo que eso ya es parte de nuestra psique: preguntarnos el propósito o buscar una motivación, ver qué me hace diferente o qué es lo que nadie ha hecho antes. La neta, eso me carcome; me lo pregunto todos los días.
“Para mí, si no hay un propósito, si no hay una intención detrás, ¿para qué lo estoy haciendo? Siendo artista es difícil, porque es la búsqueda de un propósito que no conoces.”
¿En dónde lo encuentras? Eso es lo que me pregunto en todo el disco y toda mi vida. Estoy segura de que es una incógnita que siempre estará ahí y que se va contestando conforme voy haciendo las cosas, conforme voy dando shows y veo que la gente también se siente así. Si hay un Juan Pérez que vive en Michoacán que también se siente así, va a cantar esa rola conmigo. Al final, eso le da sentido a lo que no tiene sentido.
Entiendo perfecto la idea del “acto de crear”. Para mí resonaba con la idea de tener una estrella guía: un sentido de noción o propósito. Pero esto mismo debe ser un arma de doble filo, ¿no? Tener la intención de crear y la presión de hacer algo completamente nuevo. Más allá de ser un disco de ruptura, parece una confrontación para encontrar un camino a través de un proceso no lineal, lo cual se refleja en los cambios de sonido. Así demuestras todo lo que pasaba alrededor tuyo y de la idea del disco.
B: Yo creo que sí, porque fue un álbum que se fue construyendo mucho en el proceso, en el que tuve que dejarme guiar por el universo y decir: “dame una señal si estoy haciendo bien las cosas o no”. Estuve buscando constantemente esas señales de lo que sea; a veces en la astrología, a veces en el universo, a veces en los números… Siempre intento buscar esa reafirmación en lo externo porque en lo interno me cuesta mucho encontrarlo. Por eso siempre me estoy haciendo tantas preguntas, y plasmando esto mismo en el disco. No siento que este disco sea de desamor, aunque entiendo que hay canciones que hablan específicamente de eso. Soy mucho de escribir como si le estuviera hablando a alguien, aunque en realidad me estoy hablando a mí misma. Por eso la gente piensa que es desamor, pero esa conversación es conmigo misma; me estoy preguntando cosas casi como si tuviera dos personalidades. Me gusta que haya quien lo vea más allá de eso, de ser una simple canción de amor, cuando va mucho más allá. Muchas veces no me siento muy comprendida en ese aspecto. Por una parte siento que no encajo en los sitios y que eso me hace especial al mismo tiempo; trato de buscar un valor en ello y rechazar la idea de que tengo que pertenecer. Se vale no encajar en el estándar.
Para mí, este enfrentamiento con uno mismo encaja con la idea de tener una ambición hacia algo más, por lo que ‘HOSHI’ es un gran ejemplo de todo lo que has hecho en tu carrera. ¿Cómo se siente para ti verlo a la distancia y contemplar este proceso ya materializado? ¿Cómo han cambiado esas preguntas a través de todos tus discos hasta llegar a este?
B: No hubiera podido escribir ‘HOSHI’ hace tres años. Es un disco que refleja el mundo como lo veo ahorita y las preguntas que me hago siendo una artista en este momento. Hace tres años apenas me estaba haciendo a la idea de: “wow, me están invitando a cosas bien chidas”, “qué pedo que voy a estar en Coachella”. Apenas me iba cayendo el veinte de que, o sea, sí soy alguien. Tuve un shift en el que también se me terminó de desarrollar el lóbulo frontal y cosas así. A partir de ese año, por ejemplo, después de ‘TRES’, empecé a vivir y a hacerme a la idea de que puedo disfrutarlo. Luego fue que comenzaron todas esas preguntas: “¿será suficiente?”, “¿estoy haciendo bien las cosas o no?”. De ahí surge ‘HOSHI’. Ya pasé las cosas grandes de mi carrera y ahora qué. O sea, la neta, no me imaginé llegar tan lejos, ni me imaginé que iba a estar ahí, y ahora qué hago con eso, qué hago con ese feeling. Todavía estoy tratando de buscar un propósito que vaya más allá de que tengo que chambear porque tengo que comer. ¿Por qué yo? ¿Por qué yo soy artista? ¿Por qué la gente me ve como algo más? ¿Por qué yo no me siento así? Todas esas preguntas… qué mejor que plasmarlas en música. Es lo mejor que puedes hacer y lo menos tóxico también. Al final, ponerlo allá afuera me ayuda a sobrellevarlo; me permite platicar con personas como tú, abrir este tipo de temas y conversaciones para poder decir: “wey, no soy la única que se siente así”.
Claro, te entiendo perfectamente en cómo casi te ves desde un tercer plano.
B: Yo siempre me veo en un tercer plano, es muy, muy raro, pero mi vida sí la veo como si observara a todos desde arriba; casi como los Sims moviéndose, así sé lo que tengo que hacer después.

Me imagino que ese estado constante de cambio se termina representando en ‘HOSHI’, como decías sobre las diferencias en las canciones y cómo forman parte de una sola unidad. Esto me gustaría recuperarlo con respecto a tus colaboradores. Se me hizo muy positivo que compartieras espacio con voces nuevas de diferentes países y que, ahí mismo, estuvieran Ed Maverick y Julieta Venegas. ¿Cómo te acercas a esa dualidad?
B: Está bien raro porque no estuve tan aware de eso hasta que la gente comenzó a señalarlo en el disco. No sé si estoy en una brecha en donde la gente me puede identificar con artistas emergentes, aunque lleve siete años, y también con artistas como Ed [Maverick], con quien surgimos en esa época de pandemia. Tampoco sé dónde encajo y eso tiene sus ventajas porque tengo el tiempo suficiente para tener la experiencia, pero todavía me ven como alguien nuevo. Ya no termino de entender en qué parte estoy: soy un referente, pero también soy emergente, entonces ¿qué soy? Aparte apenas tengo 25, ya me siento bien old, pero todavía me queda un montón, espero. En el sentido de la experiencia, sé que me falta todavía. Está muy padre que con Ed [Maverick] comparto esta historia; ya tenemos muchos años haciendo música, hemos pasado por las fases que los morritos de ahorita están pasando. Es como: “wey, ya lo pasé, tienes que pasar por ahí, por el hate, te tiene que ir muy mal, tienes que hacer tocadas muy punk… y luego hacerte un nombre por tu trabajo”. Y con Julieta [Venegas], es una persona que admiro mucho en general: como persona, como artista y como todo. Poder tener la oportunidad de echarle un mensaje y decirle: “hey, ¿quieres jalarte a una rola conmigo?”, ni en un millón de años me lo hubiera imaginado. A veces la vida es muy simple, más simple de lo que pensamos. Poder descubrir artistas nuevos en 2026 que apenas van a cumplir 18 años y que la están rompiendo es algo raro, dices: “¿en qué momento?”. Twenty One Pilots tiene una canción que dice algo de eso, como ¿quién es el morro nuevo?, ¿quién está sonando?, y te hace dudar. Creo que está padre poder tomar un poco de todo, independientemente de su experiencia y edad. Todo es un factor secundario; para mí lo primero es qué está haciendo que sea súper interesante, que a la gente le guste y que a mí me guste, que esté haciendo cosas bien perras y esté escribiendo propuestas nuevas con sonidos nuevos. A mí me gusta mucho eso, siempre estoy viendo en internet qué más está sonando. No me enfoco en que solo voy a colaborar con gente que tenga un millón de seguidores, o sea no, eso me da igual. Cualquier persona puede tener talento y eso está bien chido.
Porque al final esa comunicación o puente que construyes también te permite aprender de ti, de lo que haces, mientras entiendes cómo la otra persona percibe la música. Como curiosidad, en muchas de las canciones escuchamos detalles de grabaciones, samples y fusiones entre lo electrónico y lo orgánico. ¿Por qué te gustó la idea de colocar esos detalles en el disco?
B: Para empezar, a mí me maman los detalles en las canciones. Cuando escucho música de otros artistas me fijo mucho en eso; son cosas que solo escuchas cuando te pones audífonos y dices: “esto no lo habría escuchado en mi casa”. Soy muy intencional y detallista, me gusta mucho poner ese tipo de cosas que la gente “musical” va a entender. Justo como Twenty One Pilots, que me gusta mucho, son de poner mensajes subliminales; a mí me gusta mucho poder hacer eso. Por ejemplo, algo que nadie me ha dicho hasta ahorita es que la canción de “siempre quiero +” tiene un outro de otra canción. Nadie me ha preguntado sobre esa canción, sobre quién es la persona que está hablando. Eso se me hace bien curioso. Son cosas que, obviamente, quisiera que todos le prestaran atención: a las letras, a los detalles. Solo unos pocos are gonna get it, y me encanta cuando llega algún random a preguntar en Instagram o algo. Para mí es más interesante cuando alguien finalmente lo cacha o lo descubre.
A mí justo me han pasado cosas así, encontrar detalles que solo un fan muy fan podría. Me da esa impresión de que, en algún punto, también van a llegar a preguntarte por esas cosas.
B: Ese es mi sueño, te lo juro. Siempre lo he hecho, en mis discos pasados también he dejado muchos easter eggs. Mi disco pasado fue mucho sobre la numerología, pero la gente no terminó de entenderlo, se quedó en el aire. Sí pensé en no hacer mi siguiente disco con tanto choro, o sea, hacerlo más visual. No sé, a veces hasta yo creo que la gente no lo entenderá o no le prestará atención. Justo esas cosas me devuelven al punto de sentir que no encajo, como de que mejor hago otra cosa. Pero creo que entender la mente de alguien es algo muy cabrón; para juntar los hilos de las canciones ya tienes que estar muy clavado.

Eso me hace pensar que esos mensajes o easter eggs le dan múltiples vidas a tus canciones. Puede que no lo hayan notado a la primera, pero no sabemos cómo lo va a percibir alguien después.
B: Tal vez en 10 años se haga viral el disco, algo así. Es que está bien raro cuando sientes que hiciste algo así, lo más cabrón, y la gente está viendo para otro lado. Dices: “wey, acabo de sacar algo muy cabrón”. Quisiera que le prestaran atención a todos los detalles, a todos los colores, a todas las texturas que tiene, al significado, así… A veces no todo funciona como uno quiere y es parte del arte; mucha gente lo va a entender, otra gente lo va a entender después.
Me hiciste recordar una entrevista que le hicieron a Taylor Swift recientemente.
B: ¿La de sus composiciones?
Justo. Le preguntaron por su álbum ‘Reputation’ porque en su momento nadie le tomó importancia al disco, y ella dijo muy firme: “no se preocupen, lo voy a sacar y en cinco años regresan conmigo”. Así será contigo, pienso, en que regresemos pasados un par de años a redescubrir cada mensaje.
B: Ahorita la gente está enfocada en otros lados, en vatos que andan haciendo reggaetón, que andan haciendo la misma rola diez veces; tal vez lo mío lo van a captar después.
Regresaremos en cinco años cuando tengan sus propias “Brattologies” que puedan descifrarte. Para ir cerrando, justo con ‘HOSHI’, anuncias un show en el Teatro Metropólitan. Ya que mencionaste que es importante para ti cómo reciben tus canciones, me da curiosidad cómo te imaginas llevar este material al en vivo.
B: Siento que será emocionante; esa es mi parte favorita de sacar un disco, cuando lo llevas en vivo. Obviamente suena muy diferente a cuando lo grabaste, tiene una intención diferente, ves que la gente le da su propio significado… Me pregunto cuál será, lo que la gente me dirá en comentarios en los chats que tenemos, siempre les pregunto; ahí es cuando la canción toma su propia vida.
“Quiero que en este show todas las canciones cobren vida, además de la personificación de ‘HOSHI’ en su máximo esplendor.”
Quiero hacer algo súper diferente, algo que justo quien me vio en House Of Vans hace años, vaya al show y diga: “no mames, es otra cosa, qué pedo”. Que sí se sienta como una evolución de muchas cosas porque es un reflejo de mí y de mis cambios.



