White Lies en El Plaza Condesa

Fotos x Oscar Villanueva Dorantes (OVD) | Cortesía OCESA

Jueves 16 de mayo. Contingencia ambiental y una lluvia extraña fueron el contexto que rodeó al Plaza Condesa a las ocho de la noche, antes de que el recinto presenciara uno de los mejores conciertos de su vida: el regreso de White Lies a la Ciudad de México.

La entrada al lugar estaba decorada con suaves luces neón y viejos vendedores de cerveza que rodeaban el camino de quienes a lo lejos veíamos a Valsian en el último día de concierto de una de las mejores bandas londinenses que el post-punk ha podido darnos.

A las casi 09:30 PM, la bonita acústica del Plaza había creado una atmósfera impecable de gritos y aplausos que sonó cuando Charles Cave, Jack Lawrence-Brown y Harry McVeigh salieron de camerinos para interpretar los temas que, desde su última presentación en el Corona Capital 2013, nos dejaron un gozo profundo junto a los Five, su más reciente material.


La primera fue “Time To Give”,coreada por quienes pese a conocerla hace un año sabíamos a la perfección. Entre bajeos increíbles y la armoniosa voz de McVeigh llegaron “Farell to the Fairground”, “There Goes Our Love Again” e “Is My Love Enough”, con la que el frenesí terminó de crearse.

A las 10:00 PM los cuerpos estaban estáticos y no por falta de espíritu, sino porque la composición visual del magno recinto de la Condesa, junto a la banda, era tan cautivadora que fue imposible no pararse un instante a deleitarla.

Para los primeros 16 temas de su setlist ya habían pasado “Getting Even”, “Morning In LA”, “Swing” o la preferida de muchos, “Unfinished Bussines”. A la que siguieron “Jo?”, “Big TV”, “Believe It” y un combo abrasador que partió con “Death”, siguió por “Tokyo” y terminó con “To Lose My Life”. Un golpe profundo de euforia que generó un ritual de comunión tan fraterno y sagrado, que quienes lo compartimos no volvimos a ser los mismos tras el concierto.


Durante el encore, la ya íntima relación entre White Lies y sus fanáticos era única, pues con un emocionado Harry sentado al piano llegó “Change”, que decorada con flashes de celulares movidos de lado a lado, robó varias lágrimas a quienes por ejemplo, han perdido algún amor que se creyó eterno. Incluso McVeigh limpió de sus ojos una gota de sudor muy parecida a una lágrima, según lo que alcancé a ver.

Para finalizar el concierto, el penúltimo tema fue “Hold Back Your Love”, con el que el oleaje de corazones latentes volvió a manifestarse. Ya no hubo diferencia entre quienes habíamos llegado solos ni entre quienes iban acompañados. Todos pertenecimos a un beat con sabor a new wave donde nada nos perteneció ni paralelamente nos fue ajeno.

Al cerrar con el gran hit que les dio reconocimiento internacional, “Bigger Than Us”, fuimos testigos de la grandeza de una banda que hace del carisma y sencillez su más fuerte cualidad.

Los músicos sobre el escenario eran los mismos chicos que amamos en nuestra adolescencia, pero quienes veintiún años después nos siguen haciendo sentir como nunca. Con White Lies no ha importado que el tiempo pase porque el cariño hacia nuestros ídolos en una ciudad que, por lo menos una noche, dejó de ser caótica para volverse mágica, sigue intacto.


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