Tungas en el Lunario

Fotos x Carlos Oliva

Tungas @ Lunario

Lo que parecía ser una noche fresca y tranquila, las bandas que tocaron en el Lunario del Auditorio Nacional la volvieron una locura. Con los rostros endurecidos y mentando madres, la banda poblana, Joliette, preparó el ambiente, enloquecieron un mar de gente con su post hardcore. Los anfitriones, Tungas, tendrían una noche de ensueño.

Joliette @ Lunario

Después de una energizante presentación, los capitalinos, Camiches, hicieron un llamado al “desmadre” y a “disfrutar como si fuera la última vez que lo hieran”. Con esto, la marea se picó y el slam salvaje alborotó el recinto, provocando que algunos nadaran sobre las cabezas del público y llegaran a saltar la valla que los separaba con los fotógrafos.

El ambiente ya era una locura; los que traspasaron la barrera eran devueltos al espacio general por los agentes de seguridad con desprecio, las voces estaban animadas, y clamaban por más. A pesar de todo, el vocalista de Camiches, Ramsés, calificó al público como “muy quieto”. Y así se quedaron, como pasmados, al terminar con las presentaciones por unos diez o quince minutos.

Camiches @ Lunario

De repente, en todo el escenario reinó la oscuridad. Poco a poco las luces regresaron, acompañado de un vídeo introductorio sobre las andanzas de la banda. Y, al igual que la fuerza de una ola inmensa, las voces entonaron junto con Tungas “Cuando todo falle” e inmediatamente “Para siempre”.

Luego, con “Todo es tu culpa” la enajenación fue completa. El público hecho un mar furioso aventaba con rencor a los surfistas que intentaban domarlos, enviándolos una y otra vez a la zona da los fotógrafos. Estos, como si su vida dependiera de ello, volvían a su empresa fallida.

Tungas @ Lunario

Ya todo más calmo, el vocalista, Aldo Camacho, presentó su nuevo álbum No nacimos para triunfar con la canción “que empieza como una de Nirvana”: “Dos extraños”. Aldo la entonó con la voz salida del corazón y con una cara de sufrimiento legítimo y siguió con su interpretación de hombre devastado con “Cuando el verano acabe” y “El retrato de un hombre invisible”.

El espectáculo continuó con el sencillo de “No hay futuro, no hay solución”, acompañado de las palmas de los espectadores, que se transformaron en una parvada de aves libres. Luego, con un tema “diseñado para formar un círculo (de slam)”, un tornado se formó junto con la entonación de “Nuestro propio camino”.

Haciendo una señal de silencio con su mano, Aldo cantó “Respira y vuelve a navegar”. Él y el público ya parecían fatigados al límite como si el mar se cansara, pero sus voces sonaban aún con fulgor. Y, con esa viveza de su ser, el vocalista le dedicó “Regresa a salvo a casa” a todas las mujeres, pues “vivimos en un país dónde ellas no pueden regresar a casa solas”.

Tungas @ Lunario

Para regresar el ánimo con el que empezó el show, Alfredo Raymundo, el exbaterista de la banda, hizo presencia. Cantó, como si nunca se hubiera separado de Tungas, “Brindemos”, “Cabalgando” y “Seguimos perdiendo”. Además, para rematar, el invitado, Manuel Aguilar, tomó la guitarra. El hombrecillo parecido a Brian Johnson llenó de nuevo el recinto tocando “Los que creen saber” y terminó su participación con “Ve hasta el final”.

Ya la noche clamaba un letargo y anunciaba su muerte. Fue cuando todos dejaron sus instrumentos y salieron del escenario. Aldo se quedó al igual que un náufrago y tomó una guitarra acústica. Iluminado como por la luna, cantó “Tardes que no vuelven”. Ya los asistentes parecían una playa tranquila.

Después, la banda regresó al barco e interpretaron las que serían las últimas canciones de la noche. Sonó “Nada va a estar mejor” y “El ferrocarril”, volviendo a animar a la marea de asistentes. Ahora, los surfistas eran tiburones enseñando las mandíbulas, cantando con el último respiro que le quedaba. Y todo finalizó con el slam más intensó de la noche, al ritmo de “Juventud reprimida”.

Tungas @ Lunario

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