Reyno en el Teatro Metropólitan

Fotos: José Jorge Carreón (Cortesía OCESA)

Una noche al estilo vintage y al rock clásico de los 70, es lo que se vivió durante el concierto de Reyno en el Teatro Metropólitan. Con una presentación “más real”, sin fondos proyectados sobre el escenario ni fuegos artificiales, y la participación de invitados especiales—Jay de la Cueva, Bibi Marín, Ángel Mosqueda y Adán Jodorowsky— el dúo cerró la gira promocional de su último álbum Fuerza Ancestral.

Con el ritmo de la batería, Reyno anunció “Revivir”, canción con la que iniciaron el concierto de más de dos horas que fue grabado en audio y video. Moviendo la cadera de un lado al otro mientras tocaba la guitarra, Christian Jean puso a bailar a Teatro Metropólitan con la melodía romántica “Ríos”.

El escenario se pintó de azul, una niebla blanca y ligera flotaba mientras una luz blanca iluminaba al vocalista y guitarrista, creando la atmósfera perfecta para “Remi”, canción triste y melancólica que el público cantó como si la letra se adaptara perfectamente a su vida. Continuando con “Lejos”, en la misma línea de las separaciones amorosas, una luz cálida: anaranjada y rojiza fue cerrando, poco a poco, la herida.

Y como sucede en la vida, los amores van y vienen “Nunca me dejes”, puso a cantar a los fans, algunos que iban en pareja aprovecharon el momento para abrazarse. “Blanco y negro”, prendió al público del Metropólitan, ya que Jay de la Cueva salió con su guitarra y mientras la hacía “chillar”, en un solo, el público gritaba emocionado ante su presencia.


Las luces se pagaron mientras un piano blanco era llevado al escenario. Pablo Cantú se sentó y entre aplausos interpretó “No te vayas”, mientras era acompañado por los violines, el chelo y Christian en la batería. Al terminar el piano fue retirado y Jean regresó con una playera de tirantes blanca —durante todo el show había llevado una chamarra de piel negra — y una guitarra. El arpegio de “Hasta el último día” hizo vibrar al público, ya que los instrumentos de cuerda lo acompañaron mientras la melodiosa voz de Christian interpretaba una de las canciones más nostálgicas.

“Química”, “Fórmula” y “Dos mundos” hicieron que los fans bailaran y cantaran a todo pulmón. Continuaron con “Dualidad”, “Rayo de luz”, “Pacífico” y “Fluye”, esta última fue una de más pedidas por el público.

Entre aplausos y gritos de los asistentes, Christian anunciaba a los ganadores de la dinámica que Reyno hizo vía redes sociales. Tres chicos talentosos cumplieron el sueño de muchos: tocar y cantar en vivo una canción con una de sus bandas favoritas. “Control” fue interpretada por Uriel Sarmiento (guitarra), Pamela Meza (voz) y Mario Chávez (batería).


“Viaje por lo eterno” fue la siguiente canción que encendió la noche. “Ay de ti”, muy esperada por los asistentes, inició con el rasgueo de la guitarra y las luces blancas prendiendo al ritmo del bombo y la tarola de la batería de Pablo, como rayos de energía que le llegaban al público; un puente perfecto para continuar con “Fuerza Ancestral” y “Me voy”.

Aprovechando la asistencia de sus fans y el día, Christian pidió que todos cantaran las Mañanitas a Pablo Cantú, ya que era su cumpleaños. Él, sorprendido, agradeció a su público el detalle haciendo de este uno de” los mejores cumpleaños” que ha pasado en su vida.

Ángel Mosqueda, otro invitado, subió al escenario para acompañar a Reyno con “Levedad”, lo que provocó la emoción del público quienes cantaron y brincaron al oír las primeras notas de la canción. “Puente”, un cover de Gustavo Cerati interpretado por Pablo, fue una forma de agradecer por medio de la conexión que sólo ofrece la música, la presencia y el apoyo de todos sus fans. “Parte del Sol” y “Amarrado” fueron las siguientes. Con un traje purpura Adan Jodorowsky subió al escenario y tocó la penúltima canción con Reyno: “Me desprendo”.

El concierto terminó con “Ahrimán”, durante esta canción, de cada uno de los costados, salieron disparadas tiritas de papel metálico, muy de acuerdo al concepto que manejaron en todo el show: “sin efectos modernos, sin click, sin secuencias, nada más que la habilidad de cada músico en su instrumento para llevar la expresión a lo más puro e irrepetible”.


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