Había una vez una banda llamada Palma Violets


En la transición del verano y otoño de 2014, una banda londinense de cuatro músicos se presentó en uno de los escenarios pequeños del Corona Capital para tocar su primer disco titulado 180.

Eran poco más de las dos de la tarde cuando los músicos Chilli Jenson, Sam Fryer, Peter Fryer y Will Doyle salieron al escenario, y tras pasar escasos diez minutos en él, ya se deshacían entre música, bailes y salvajes melodías que evocaban el desenfreno de otros gigantes como The Libertines o los Sex Pistols.

Se llamaban Palma Violets y habían cruzado el Atlántico para tocar un punk muy fresco en la ciudad. Éste género, durante toda la presentación y los años siguientes, se mantuvo independiente a las exigencias digitales y optó por rendirle tributo a los héroes de la música que reventaron estereotipos sonoros en el ayer.

Los músicos deleitaron al público mexicano que esperaba en el mismo escenario a los Dandy Warhols y a Travis, por lo que sobra decir que la multitud rebasaba las cien personas. Aderezado el ambiente con humo de marihuana, cerveza y saltos impulsivos, la magia comenzó a salir de todas partes. Entre desconocidos nos hicimos la platica, y de pronto, unos a otros nos sonreíamos mientras agitábamos la cabeza con alegría de lado a lado. Chilli tocaba el pandero, Sam y Peter se movían con desenfreno, y los espectadores habíamos salido de su contexto citadino y carnavalesco para encontrarnos en otro nivel vibratorio. Estábamos haciendo historia y ni siquiera lo sabíamos. Cuando llegó “Best of Friends” la emoción estalló por completo. Recuerdo que Chilli se aventó a una vorágine emocional en la que todos perdimos piso y la guitarra, bajo y la batería sonaron con suma potencia. Nos desenfrenamos y la curva cuatro del Autódromo Hnos. Rodríguez se llenó de punk, de colores rosas, anaranjados, hermandad y armonía en un acto vandálico, musical y puro.

Quienes presenciamos el concierto, integramos una comunidad nostálgica y atemporal, que igual pudo ser parte de un festival de los 60 o de una tocada contemporánea en algún recinto de la Condesa. Pertenecimos a la nada y al mismo tiempo nos integramos en una atmósfera familiar y hermosa.

Nos unió la sensación que muchos estábamos buscando en el festival y fuimos felices. No recuerdo si tocaron “3 Stars” o “All The Garden Birds”, pero siento con la misma emoción ese día.

Para aquella edición, el Corona Capital ya había traído a artistas de la talla de Pixies The Strokes y The Black Keys. Resultó la propuesta sonora que necesitábamos y nos dio un respiro de lo predecible confirmando su autonomía creativa con la presentación de Palma Violets, quienes inmortalizaron la edición con “14” sonando a los cuatro vientos para cualquiera que deseara acercarse.

La banda tocó cerca de hora u hora y media, y ese tiempo fue ensueño. Aún vive en el recuerdo de los asistentes, y a seis años del lanzamiento del 180, estoy segura que la emoción emitida hacia Palma Violets sigue siendo la misma. Sobre todo porque al escucharlos las ganas de sentir la libertad desenfrenada sobre el pasto del Foro Sol está allí, en nuestro corazón y nuestras cabezas.

Si fuimos algo, durante la presentación de Palma Violets, fue auténticos, porque cabe destacar que la melodía de sus canciones resultó tan maravillosa que llegó a lo más profundo de nuestra piel.

Los londinenses mezclaron instrumentos, como guitarras y bajos, con maracas, panderos y creo que hasta un triángulo. Tuvieron una energía post apocalíptica y esperanzadora que culminó de golpe diciendo adiós al público mexicano.

En su último trabajo, Danger in the Club, de 2013, y sus dos últimos sencillos, de 2015, todavía encontramos el punk de su primer álbum en su más estricto sentido y a esa especie de punk que se volvió parte de nosotros, que nos acompaña a la facultad, al aquelarre y, años más tarde, a la oficina y a las reuniones nostálgicas de un tardío Verano del Amor.

La música de Palma Violets sigue homenajeando a The Kinks y a The Clash, pero también provoca ganas saltar, correr y gritar porque se siente bien estar vivo. Es enajenante, pero en el mejor sentido de la palabra, y embriagador como los recuerdos de una juventud lejana, pero jamás perdida.

Pese a confirmar su separación en 2018, y evolucionar a Gently Tender, los Palma Violets, en la actualidad, registran a más de cincuenta mil oyentes mensuales en Londres, Chicago, Los Ángeles, Nueva York y la Ciudad de México.

Escenario final que fue testigo de la gran versatilidad, no solo sonora sino artística, de cuatro semi adultos adolescentes que le dieron a uno de los festivales más importantes de la capital una libertad que pocas veces puede invadirlo todo.

Fueron rockstars y almas musicales que se consagraron como gigantes, y hasta la fecha, resuenan en nuestra memoria. Que los disfruten:


ENTREVISTA DEL MES

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