Entrevista con Frankie and the Witch Fingers


Foto: David Fearn | @shitshowdave

Cuando se trata de entrevistas a distancia, es complicado entablar conversaciones que resulten espontáneas como sucedería estando cara a cara. Afortunadamente, los integrantes de Frankie and the Witch Fingers son personajes que expresan buena vibra, lo mismo sucede con su sonido garage rock.


La banda comenzó a gestarse en Bloomington, Indiana. Después se desarrolló en Los Ángeles, de manera que los viajes en carretera, las mudanzas y el hecho de dejar atrás a lugares y amigos, forma parte del trasfondo de su música.


Esta vez, a las 5:30 pm de un martes, llamamos a Nicole Pickle, quien se unió a la alineación como bajista y Dylan Sizemore, vocalista de la banda. Platicamos acerca del reciente álbum, sus canciones favoritas, además de batallas hipotéticas entre brujas y monstruos.


Todo en ellos es un enigma que vale la pena descifrar, incluso el nombre largo oculta una historia peculiar: es el nombre del gato que tuvo Dylan hace tiempo, un día en su habitación había una lámpara encendida con colores verde y rojo, Dylan y su roomie Josh Wold jugaban con Frankie, haciendo sombras con las manos, algo que parecía ser los dedos de una bruja.


Continuando con la tradición de nombres extravagantes, anunciaron el disco llamado: ‘Monsters Eating People Eating Monsters...’, los puntos suspensivos del final juegan un papel importante por qué de acuerdo con la banda, se trata de una oración que se repite de manera infinita.


“El nombre del álbum es simbólico, está involucrado con el bien y el mal. Pensamos en quienes lo iban a escuchar, para que las canciones conecten una por una con la siguiente dependiendo lo rápido que las vayas escuchando”. Explica Dylan.



Es un nombre apropiado para una pesadilla que termina por convertirse en una experiencia de la que no querrás escapar, pues desde la primera canción, “Activate”, los riffs se van mezclando hasta conseguir transportarnos a los años 60.


El material incluye diez temas, todos muy ideales para dejarse llevar, los títulos son algo interesante también, pasando de “Where 's Your Reality?” a “Cavehead”.


La última canción lleva el mismo nombre del disco. Desde la perspectiva de Dylan: “La canción que lleva el mismo nombre que el álbum, en la lírica habla acerca de dejar a un lado los idealismos que todos perseguimos en algunos momentos de la vida, la dejamos al último porque es como un ciclo que llega al principio otra vez, queríamos mantenerte conectado, atrapar a quien lo escucha”.


Lo visual también está muy presente en el álbum, por eso ‘Monsters Eating People Eating Monsters...’ está disponible en formato vinilo con seis versiones distintas de colores fosforescentes.


“Queríamos conectar con las personas y hacerlos felices. Sabemos que la mayoría adoran coleccionar versiones únicas, por eso lanzamos vinilos que los pusieran felices”, comenta Nicole.


Portada: ‘Monsters Eating People Eating Monsters...’ de Frankie and the Witch Fingers

Frankie and the Witch Fingers han evolucionado desde el 2015 cuando anunciaron su primer disco homónimo, en ese entonces el jazz se mezclaba con reverbs y la voz de Dylan como el guía de un sueño lúcido. La adrenalina subió con el tiempo hasta construir el sorprendente ‘ZAM’ (2019).


Ahora su talento se eleva, dejando en claro que su sonido es poco encapsulable pero que bien se podría definir como lo dicen en su biografía de Spotify: un flujo y reflujo de flower-pop horror.


“Musicalmente hablando los álbumes anteriores tenían una estructura más como de rock clásico: coros y versos, coros y versos. Este es más fluido, sin menos estructura, no tan tradicional como lo anterior”, menciona Dylan.


Sabemos que es difícil elegir una canción favorita dentro del material que costó tanto trabajo crear, sin embargo, respecto a esto, Pickel y Sizemore tienen opiniones claras.


“‘Urge You’ no tiene ningún sonido de guitarra, suena a jazz y el estilo es más como experimento para hacer algo diferente. Pero mi favorita quizá es la primera, es muy activa, también fue un experimento, porque no teníamos la percusión al principio, así que finalmente la grabamos para sentir que no era una mala idea, funcionó y sonó más interesante”, dice Dylan.